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martes, 29 de septiembre de 2020

Terca como una mula.

 Debía seguir. Ella sola.

¿Por qué? Nadie más lo haría si no era ella.

A veces dolía. Ver cómo todo el mundo la observaba sin echarle una mano. Ver cómo se le caían las cosas al suelo y a nadie parecía importarle.

Y sólo cuando se cansaba y daba un golpe bien fuerte, alguien se giraba y se daba cuenta de lo que estaba sucediendo.

No es que necesitase ayuda, es que el trabajo era de todos, pero no había implicación por parte de nadie.

Total... Ya estaba la terca como una mula.

Debía seguir. Ella sola.

martes, 5 de noviembre de 2019

Recorrido de vida.

No sabría decir qué era lo que más le saturaba de todo aquello: el hecho de saberse capaz de desempeñar un trabajo para el que cada vez más claramente estaba predestinada; o por el contrario, que todo el mundo le dijese que había que cambiar, sin hacer absolutamente nada por esto último.

Al pasearse a pensar en su vida, desde el comienzo que ella recordaba, siempre había estado pendiente de los niños y niñas de su entorno. Ella igual tendría tan solo cuatro o cinco años cuando empezó a hacerse con un grupo de pequeñajos que seguían sus pasos como si fuera la mamá pato. No con orden dictatorial, como pueda parecer a esas edades tempranas, sino con un carácter verdaderamente lúdico que ellos mismos le solicitaban.
Conforme fue más mayor, siempre presentó esa capacidad innata. En los test, aunque ella quisiera ser médico, o juez, o policía, o astronauta, o actriz..., siempre salía en un alto porcentaje su capacidad para la docencia y para la organización de actividades.
Pero la juventud es contradictoria a veces a la naturaleza, por esa capacidad de rebeldía de la adolescencia.
Sin embargo, no se puede luchar constantemente contra uno mismo. Y ella llegó a descubrirlo. Estudió para lo que valía. Al principio, estudios que todo el mundo puede obtener sin problemas siempre y cuando pague el precio establecido: Monitor de Tiempo Libre.
Sin esfuerzos ejercían cada vez que la convocaban, pocas veces debido a su inexperiencia (incongruencias de la vida). Y los niños y niñas la adoraban con cierta pasión. Quizás porque rompía un poco el molde de las viejas locas que habían tenido hasta el momento como monitores.
Tras un par de intentos fallidos de incorporarse a la vida académica superior, la famosa Universidad y Universidad con mayúscula, puesto que parece que no hay nada más importante en el mundo, decidió estudiar un Grado Superior. Y esta vez las mayúsculas sí que van un poco más sujetas a la importancia real que ella tuvo en su educación.
Y tras esa experiencia maravillosa, tras esa vez que dijo “nunca más a la universidad”, aquí está otra vez, ahogándose. “El hombre es el único animal que tropieza dos veces con la misma piedra”, ¿no? Con profesores de cátedra que le dicen lo que ella ya sabe, lo que ella ya a aprendido. Tenía los conocimientos, tenía la práctica y se esforzaban en decirle que debía terminar sus estudios, porque al parecer, no era suficiente con todo lo que había adquirido a lo largo de su vida. Que incluso ella habría podido dar alguna que otra clase, al menos con la calidad que le ofrecían.

Y en cuanto a eso, a ese último comentario que pasaba por su cabeza, iba su segundo malestar. ¿A fin de qué se empeñaban en conservar un sistema obsoleto? ¿Con qué propósito recuerdan una y otra vez que la escuela, la educación actual no funciona, manteniendo fielmente la manera de transmitir conocimientos? ¡Qué estúpidos! Pretenden cambiar el mundo sin el ejemplo. Pretenden satisfacer al mundo con una gran idea que otro debe ejecutar. Pretenden ser “maestros” de la verdad, sin esforzarse en el cambio.
¿Y entonces, qué le queda a ella? Vivir atrapada en una espiral, que asciende, que nunca cambia, o quizás sí, pero sólo de mano y no de forma.
Con esa hipocresía que observa día tras día en sus rostros, en sus actuaciones, en sus voces. Sorprendente como ni ellos mismos se dan cuenta, o no quieren darse cuenta.
“¡Sois el cambio!” “¡Sois el ejemplo!” Emprendedoras. Eso dicen. Cambiar lo inamovible. Cambiar lo que otros no quiere, porque ya no es que no puedan, es que no quieren cambiarlo.

Así que ahí estaba ella. Hastiada, cansada, incomprendida. Sin saber muy bien por qué seguía escuchando esas patrañas. Sin saber por qué esta ahí, aguantando al pie del cañón, con su sonrisa, sus participaciones y su entereza.


Todo aquello carecía de sentido.

martes, 7 de noviembre de 2017

Para Él.

Es curiosa la vida.
O por lo menos, a mi me lo parece. No me parece algo a lo que te puedas acostumbrar.
Qué vueltas da...
Y ahora siento que por fin estoy en el camino.

Sé que es algo que digo mucho; cada vez que encuentro un medio que seguir o al que engacncharme. Y puede que esta sea otra ocasión igual al resto, que dentro de una semana, dos meses, cinco años... vuelva a decir lo mismo.
Porque definitivamente, la vida no es algo a lo que te puedas acostumbrar.
Puede ser que en realidad, no aprenda de mis errores y que esto sea una próxima ilusión de lo que era el camino definitivo. Como una prueba graciosa de Zeus, haciendo que me mate un águila todos los días (y mi águila sea la ilusión de que he aprendido la lección).

Pero oye, cómo estoy disfrutando del viaje. Aunque no me lleve a ninguna parte.
Saber que todo va como debe ir, que estoy en lo que me gusta, que poco a poco, sin prisas y sin agobios, todo cobra sentido, que las bofetadas que me ha ido dando la vida me han llevado al camino que tenía que escoger, que el universo ha sido mucho más fuerte que yo en tomar mis decisiones. Y no os equivoquéis, me alegro que el universo haya tomado decisiones por mí de vez en cuando, porque si sólo contara con mi capacidad, ahora estaría vagando vete a saber por donde con mi discapacidad para elegir.

Y cómo me alegro de que el universo haya sido más feurte que yo...

Ser yo misma gracias a una persona que llevaba tanto tiempo conmigo y que por alguna extraña razón, jamás reparé en verla. Que ha seguido allí todo el tiempo, paciente (algunas veces más que otras, y no sé si verdaderamente era paciencia o falta de habilidad), para lo que he necesitado, sin pedir nada a cambio, sólo un poco de compñaía.
Y quizás sea ese al camino que me refiero que he hecho bien en tomar, para poder ser yo misma, porque él me ayuda a seguir y a querer intentarlo de nuevo. Porque parece que nunca se rinde y siempre me da ese empujón "todo lo que te haga feliz", cuando a mí más me fallan las feurzas.

Así que, efectivamente, me resulta curioso cómo alguien que lleva tanto tiempo conmigo ha sido invisible en muchos aspectos y como ahora se ha vuelto imprescindible, y que en verdad, no sabría qué hacer sin él, sin sus ánimos, su seguridad, su confianza, su cariño. Sin su amor, en definitiva. Me resulta curioso haberme dado cuenta de que llevo necesitándole mucho más tiempo del que yo pensaba y cuando me dijo que se iba, cómo accionó mi necesidad y le puso palabras.

Y podría pensar que esa persona es sólo para mi, pero no. Lo curioso es que no es sólo para mi, que tiene un corazón que le hace ser así con todos y que posiblemente, para la mayoría, pase desapercibido.
No sabría exactamente cómo reflejar en palabras ese concepto: cómo una persona es tan fácil de disimular y a la vez, cuando te enteras de que se ha ido, te da un ataque de ansiedad.

En definitiva, podría decir que soy la mujer más feliz del mundo con algo que llevo tiempo teniendo delante de mis ojos. Pero el mundo entero debería saber ya que yo no veo bien.

martes, 4 de julio de 2017

Homenaje.

¿Se puede honrar a una persona? ¿Es posible decirle todo lo que querías una vez que ya se ha ido y no va a volver jamás?

Por mi parte, creo que sí. Quizás no directamente para esa persona. Quizás a esa persona ya le da igual. O quizás esa persona puede leer ya dentro de nosotros para saber todo lo que pensamos de ella.

En cualquier caso, es al resto del mundo a quien le quiero explicar lo que mi tío era para mi. Aunque jamás nadie llegue a leerlo, aunque esto sólo me sirva a mi, para poner por escrito lo que la voz no me ha dejado sacar.

Fue un mazazo en el corazón. Si tuviera que describirlo de algún modo literario, sería el más clásico de todos: se me partió el corazón. Oí cómo mi madre hablaba por teléfono con mi hermano y sólo logrué oír "Ha muerto...", ni quién, ni de qué, ni cómo.

Por un momento pensé que sería mi abuelo, con mucho dolor de mi corazón pero sin duda algo natrual, quizás no a su hora, pues en el fondo está hecho un chaval, pero es ley de vida, ¿no?

Y no. No había sido él. Había sido uno de mis tíos, de las más grandes personas que ha habido en este mundo (y eso que lo aseguro sin conocer al mundo entero, y soy capaz de asegurarlo). No me lo creí, creí que sería como la última vez, que iríamos a verle al hospital, que estaría tumbado en la cama de la sala, entubado, rodeado de su familia, que entraríamos por turnos en la habitación y le diríamos que no nos deje, que se cuide y que esté siempre con nosotros.

Pero esta vez no. Esta vez no hubo otra oportunidad. Había muerto. ¿Y cómo se afronta eso? Pues con el corazón encogido. Lo primero que puedes hacer es llorar. Un llanto irracional, sin saber del todo si quiera por qué lloras, sin haberlo asimilado del todo, sin saber si lloras por él, por ti o por la gente que le quería que ha quedado atrás.

Doy gracias a la compañía que tuve en ese momento porque me dieron fuerzas para tranquilizarme y que no se preocupasen por mí en exceso, aunque he de decir que el hipo se me quedó.

Y es que qué puedo decir de mi tío Francis... Todo el que lo conocía lo sabrá ya y no hacían más que repetir "¿Por qué él?". Siempre se van los mejores, dicen. Y en esta ocasión, yo lo sentía así, sin desearle la muerte a nadie, ¿por qué tuvo que ser él? ¿por qué no pudo darnos otro susto como la vez anterior?

Todo esto es irracional y me duele en el alma no poder decirle al corazón que haga caso de una vez por todas a la cabeza.

¿Qué hacía mi tío? Sonreír. Era la base de todo lo que yo veía en él. Le encantaba reunirse con la familia, presidía uno de los lados de la mesa en casa de mi abuela y me parece un sitio perfectamente hecho para él. Era la calma, la paciencia, el cariño. Era el amor por los demás. Cualquier detalle bastaba.
Mi hermano, con todo lo que es... él siempre tuvo paciencia, más que nadie, muchas veces. Decía lo que tenía que decir, firme pero sereno, intentando ayudarle siempre.
Acompañó a su mujer durante todo el proceso de cáncer que pasó (aunque mi tía es otra de esas personas que se merece un gran homenaje y es un gran ejemplo a seguir).
Peronalmnente, en lo que me concierne de una forma más directa, él era mucho para mí. Desde el momento en el que nací y quizás de un modo ridículo para muchos, pero de una forma muy importante para mí. Era mi padrino. Y eso no era lo más especial que él era para mi. Sé que siempre me tenía presente, de un modo o de otro. Cuando entraba en casa y me daba los dos besos, a veces me cogía del brazo y me apretaba, me miraba a los ojos y me preguntaba si todo iba bien, con un gesto serio y casi amenazante. No se apiadaba de mi discapacidad, ni fingía que no la tenía, era el equilibrio perfecto. Y lo conseguía sólo con un apretón en el brazo, una mirada y dos palabras, nada más.
Lo que poca gente ha conseguido.
Ese humor, su humor... Las tremendas risas. Recuerdo que no le iban mucho los juegos en general, no solía jugar al bingo ni a juegos de mesa. Pero recuerdo unas Navidades, hace quizás mil años, en la que jugamos a las películas. Cómo me reí ese día... creí que se me saldría el estómago por la boca.
Pero es que era eso para todos, para sus amigos, para su familia... Cualquiera que se topaba en su camino de algún modo le apreciaba. Supongo que tendría sus más y sus menos, todos somos humano. Pero él, simplemente, se dejaba querer.

Sé que ni de lejos me acerco a una sombra de lo que fue, de lo que era. Y podría pegarme líneas y líneas enteras hablando de él sin parar. Y no pararía.

Así, que quizás una tontería para muchos, pero yo necesitaba reflejar esto en algún lado, aunque nadie lo lea jamás, aunque nadie lo sepa jamás. Porque quería y quiero a mi tío, esté donde esté.

Y quizás me apropio injustamente de una de sus frases y no debería pertenecerme a mi y debería ser de otro, pero quiero ser egoísta y me la voy a quedar, aunque más gente como yo la acoja con cariño.

Me despido entonces diciendo "Chh, pero comportáos como si fuerais normales".

Gracoas por todo lo que nos has dejado y ojalá pudieras seguir aquí.

jueves, 4 de mayo de 2017

Un sinvivir.

A veces la música dice exactamente lo que quieres decir, quizás cambiando algún pequeño matiz o cambiando algún nombre, una palabra...
Ultimamente ya sé que igual pongo demasiada música y poco texto, quién sabe. Me parece que ameniza. ¿Y para qué voy a decir algo cuando hay otra persona (o grupo) que lo dice mil veces mejor que yo?

Esta canción va dedicada.

Ahora mismo en mi vida hay un par de cosas (personas) que no funcionan. No porque yo haya querido que dejase de funcionar, o porque haya dejado de quererles. Pero me resulta tremendamente curioso, como por un error (ellos sólo me han dicho un par de la enorme lista que debe haber), se puede ir todo a la mierda.

Y no está mal. A veces pasa. Hay gente que viene y gente que va, que entran, que salen; la vida cambia y hay que adaptarse. No es buena, ni mala; es distinta. Hay que saber adaptarse, aceptar las decisiones y las consecuencias y mirar hacia delante.

Por eso mismo, si algún día llegan esas dos personas a leer esto, quiero que sepan que no les guardo rencor, que cuando quieran, me van a tener ahí, porque yo no me he ido (aunque ya no seamos nunca amigos nunca les voy a menospreciar ni a hacer de menos). Pero que lo superen ya, que dejen de pensar en mi.

Os la dedico, chicos 😉:

miércoles, 5 de octubre de 2016

Sed de Venganza (de 2010)

Comentario de la Señora Ex-Carmen(A)tada.

Este escrito lo hice para un concurso en mi antiguo colegio, para la revista que se entregaba a padres y alumnos.

Fue uno de los momentos en los que me di cuenta de cómo funciona la vida.

La calidad muchas veces no equivale al éxito, aunque así pueda parecer. Muchas veces la sociedad nos guarda dentro, para no asutar a los demás.

A la vista queda, que todos los profesores se reunieron después de toda la votación para decirme que mi historia había sido la mejor con diferencia, pero, que, sin embargo, habían tenido que elgir otra, puesto que la mía era demasiado "terrorífica".

Lo mejor de todo es que pedían una historia de terror.

Sed de Vneganza.


Cuentan que por el año 1985, hace exactamente 25 años, hubo una muerte, sí, en éste mismo colegio, entre estas mismas paredes entre las que os encontráis ahora vosotros.

Cuentan que en la parte derecha de la segunda planta, justo encima de la capilla, encontraron a una chica de tan solo 14 años, muerta en su dormitorio.

Muchos dicen que lo que le mató fue el amor; otros aseguran que fueron los celos; y otros, simplemente afirman que estaba loca. Pero ninguno tiene la certeza de lo que pasó aquel 2 de junio, cuando los primeros rayos de un sol de verano, despuntaban por el horizonte. A nadie le importa ya tampoco mucho, después de tantos años.

La imagen de una chica con la soga al cuello, colgada de una viga de su habitación; o quizás con las muñecas cortadas. No es una de esas imágenes que te gustaría recordar para el resto de tu vida, pero también es verdad, que sí que es una de esas que por mucho que intentes olvidar, ni los recuerdos ni los sueños te permiten dejar atrás ¿Quién quiere recordar aquello una y otra vez?

A pesar de todo, tanto los profesores como los responsables del internado, que por aquel entonces había en esos muros, decidieron ocultar al resto del mundo lo que había sucedido. Se pusieron de acuerdo y dijeron que Verónica, la chica que encontraron muerta, se había ido a otro colegio, a uno público, para poder pasar así más tiempo con su familia. A nadie le extrañó. Se esforzaron mucho por no mostrar a los alumnos lo que había pasado. Por dos motivos, fundamentalmente: la muerte es algo que asusta hasta a los hombres más valientes, como para trastornar la mente de un niño de aquellas edades con semejante noticia; y segundo, ¿a qué colegio le gustaría anunciar que lleva un cadaver a su espalda? No es buena publicidad.

Quizás, por eso mismo, decidieron abrir las puertas al público y aceptar a alumnos que ya no fueran internos.

Todo el mundo ha olvidado ya lo que sucedió.

Ahora entran en mi cuarto, penetran en el lugar donde yo decidí morir; por haber sido abandonada por la alegría y la felicidad del mundo. Ahora tiran abajo las paredes que oyeron mis sollozos y reforman el suelo donde mis lágrimas cayeron. Ahora habrá un montón de clases en el último sitio donde yo pasé con vida.

Inocentes... Habéis olvidado quien fui. Habéis olvidado por qué decidí morir. No os preocupéis, el pasado y lo que cuenten de él es difuso y borroso y en cierta manera lo entiendo. Pero yo me encargaré de todo a partir de ahora.

Mi propósito: venganza.

No debisteis olvidarme, pues recordar a los muertos es lo que os hace sentiros vivos. Y yo, ya no estoy viva, pero he retornado con sed de venganza.

Habéis profanado mi tumba.

Correrá la sangre de todos los inocentes.

Temed a la muerte, mortales, pues yo ya he roto la barrera del tiempo, y no hay descanso para mi. Este es mi testimonio.

Verónica.

miércoles, 28 de septiembre de 2016

Mi Bibliotecario.

Hoy en Desarrollo Cognitivo (asignatura que doy en mi Grado Superior de Educación Infantil), nos han hablado de la memoria, del aprendizaje, etc.

Nos han peusto un símil que más de una vez he oído (porque la verdad, merece ser una gran metáfora en este caso), en el que la memoria, es como una gran biblioteca, donde dentro, hay un bibliotecario (o bibliotecaria) que va abriendo los cajones de los archivadores que necesitamos, sacar las carpetas relacionadas con el tema y, por supuesto, tendrenos sobre la mea la ficha que necesitamos para esoe momento.

Obviamente, nuestro bibliotecario tiene que encargarse a veces de sacar varias fichas, porque se correlacionan unos temas con otros.

Sin embargo, la diferencia entre otras veces y esta, ha sido un comentario (puramente inocente) que la profesora ha hecho. Ha venido a ser algo así como "Mi bibliotecaria (oprque la mía es chica), que por supuesto está loca..." y ha seguido la clase.

Entonces, loca yo de mi, me he parado a pensar ¿cómo sería mi bibliotecario? La pregunta ha durado poco en mi cabeza, y ha procedido con otro símil.

Creo sin duda alguna de que mi bibliotecario sería un hombre mayor, lento a la hora de tener que llegar a las carptesas que necestio, pero que sin embargo, le encanta contar mil historias que ha vivido o podría haber vivido si en su vida hubiera tenido un poco más de valor. Mientras caminase hacia el archivador, iría contando algo relacionado (o quizás no) con la información que le he pedido, a modo de presentación del tema; a veces sonriendo, a veces serio.

Sí, definitivamente, mi bibliotecario sería un viejo, con bastón y un poco vago a la hora de acceder a las carpetas situadas en lo más alto de las estanterías; cara arrugada y manos callosas, como si trabajar en mi cabeza hubiera sido el trabajo más duro que jamás se hubiera inventado (quizás por el desorden); de aspecto relajado y sin embargo muy atento a todo, aunque después no recordase donde ha dejado la carpeta.

Se quejaría del ruido, pero sin duda, le molestaría más el silencio que se pudiese llegar a formar, porque en realidad, le encanta contar historias de lo que fue y lo que pudo haber sido.

martes, 20 de septiembre de 2016

Recuerdos (de 2010)

Comentario previo de la Señora Ex-Carmen(A)tada.

He intentado no retocar esta en concreto demasiado (en realidad creo que sólo he cambiado una coma por un punto y coma y ya no recuerdo muy bien donde).

En realidad me gusta mucho pensar que he evolucionado bastante en los años que llevo escribiendo y que ahora soy mucho mejor que esto que a continuación vais a leer. Pero quién sabe. De todas formas estos son mis inicios y no hay nada como el principio para comenzar a ser algo, ¿no?

En realidad tengo totalmente en mente la persona por la que iba esto. De hecho, en mi vida sólo me han "abandonado" dos veces sin causa aparente, con un "porque sí". En las dos ocasiones me ha dejado con el corazón partido y aunque hoy ya no echo de menos a esas personas (es más, aun a pesar de que no les deseo ningún mal, me da exactamente igual si son felices como si no), siempre tendré la espina clavada de no saber por qué se fueron.

Ahora sí, espero que no me vuelva a pasar y que la causa de la ruptura sea clara, se pueda arreglar o no.

Recuerdos.


Recuerda que en otro tiempo fui parte de tu vida, como un nuevo aliento en los pulmones, como el latido de un corazón, como la copa de un sediento.

Recuerda que imcluso entre risas y lágrimas, nos sentíamos unidas, sin importar miradas ajenas. Vivíamos felices en el mundo que habíamos construído para ambas.

Recuerda aquellos tiempos hermosos en los que nada parecía dañarnos, los tiempos en los que ésto era inmortal, insaciable por mantenernos vivas, por seguir al frente, por ser la mano la una de la otra.

Recuerda lo que fuimos y ya nunca seremos. Ya nunca. Nunca. Un lazo de sangre roto. Un abrazo guardado en el pecho. Un eslabón suelto de aquella cadena que nos unía.

Tan solo un recuerdo de aquellos tiempos.
Tan solo una excusa en la que consumirnos, intranquilas.
Una esperanza muerta en el medio del camino. La luz de una estrella que ya nunca brillará. Recuerdos.

Recuerda que abrazos y caricias nos consolaban cuando las palabras no podían brotar de nuestras gargantas. Recuerda todo aquello que una simple mirada nos decía. Un lenguaje oculto. Nuestro pequeño secreto. 

Recuerda todas aquellas llamadas en la noche, el tono de un teléfono sonando en la oscuridad en la búsqueda de un conshelo que sería respondido. La seguridad de ser escuchada.

Recuerda aquella mano tendida sobre el frío vacío para ayudarnos a levantar las rodillas del suelo, incluso antes de caer, como un imán que nos sostiene. Aquella sonrisa en el rostro, cargado de nuevas oportunidades, dando nuevas fuerzas. Un nuevo aliento.

Recuerda lo que fuimos y ya nunca seremos. Nunca más. Nunca. Una piedra olvidada en el camino que un día perteneció a un imperio; un jarrón hecho pedazos, esparcidos ahora por el suelo, sin que nadie se moleste especialmente en recogerlos.

Tan sólo queda ya un recuerdo de aquellos tiempos.
Tan sólo una excusa en la que consumirnos, intranquilas.
Una esperanza muerta en medio del camino. El rastro de un barco, una estela que no tardará en desaparecer. Recuerdos.

Y aún recuerdo en noches sin estrellas, como esta. Simplemente, me dejo llevar y recuerdo que un día fui tu hermana, que un día te amé y tú me correspondiste con susurros dulces, en tus abrazos cálidos, en tus miradas protectoras, en tus palabras de consuelo.

Recuerdo que un día me quisite, pero hoy ya es tan sólo un recuerdo. Tan sólo, un recuerdo. Nada queda ya de aquel momento por más que me esfuerce en buscar... sono encuentro recuerdos.

martes, 16 de agosto de 2016

El mayor error de tu vida (de 2010)

Comentario previo de la señora Ex-Carmen(A)tada.

Diré que ha sido modificada (bastante) para adaptarla a los días que corren.

Una vez más, me sorprende lo que se puede repetir el pasado.

Y me doy cuenta de lo inocente que era entonces, cuando unos sentimientos se olvidaban en dos meses.

El mayor error de tu vida.

Cuando parece que ya no estás.

Cuando parece que ya no duele.

Cuando parece que ya todo ha vuelto a la normalidad y que ya puedo mirar a las estrellas sin llorar, apareces, de nuevo. Porque te busco. Porque intentas recordarme.

Vueles a irrumpir inevitablemente, sin llamar a la puerta, pidiendo disculpas por el ruido. Y lo peor de todo es que lo estaba esperando. Lo peor de todo, es que lo deseaba todos los días, deseaba algo así. Una carta, una palabra... "Te quiero guapa; no te mereces esto".

Pero debo elegir. Y no puedo, mi amor. No puedo elegirte a ti porque no estás tan cerca de mí como él (porque ni siquiera estás), ni puedo elegirle a él, porque simplemente, él no es tú, porque no es al que amo realmente (porque él lo sabe y me aleja).

Pero él me quiere, mi amor. Me quiere a su modo. Se arrepiente y le duele. O eso me esfuerzo en creer, en mi mundo de fantasía (que siempre fue más cómodo que la realidad). Y tu también ¿no, mi amor? Al menos hace algún tiempo lo juraste. Hace lo que parece siglos. Y yo te quiero tanto...

¿Dejo que pase el tiempo y que si, maldito de él, no me hace olvidar que al menos ya no duela? Que respirar no sea ese puñal en el pecho. Pero mi amor, es tan difícil mirar a las estrellas sin recordarte... es tan difícil pasar una noche sin pensar en ti... y me gustaba mirar las estrellas.

¿Estaría mal, mi amor, intentar enamorarme de él? Perderme como me perdí contigo, aunque luego me dé la espalda, aunque luego finja que no me conoce, aunque luego no le importe herirme por miedo a no ser herido primero

¿Estaría mal olvidarte siendo que me quieres o que quizás un día me quisiste? Que tantas promesas se olviden, sin una justificación razonable: sólo orgullo.

¿Para quién es más injusta la vida si yo permanezco dividida en dos, mi amor? ¿Quién de nosotros tres se aprovecharía más? ¿Quién de los tres sufriría más en silencio?

No puedo mantenerme en una ilusión, no puedo permanecer esperando hasta que llegue el día en el que nos encontremos, en el que podamos cumplir nuestro sueño, o el que un día fue el nuestro. No puedo permanecer en una ilusión ¿Pero debo hacerlo, mi amor? ¿Por mi? ¿Por ti? ¿Por él? ¿A quién traicionaría más profundamente si tu y yo nos juramos amor eterno?

No puedo continuar besando unos labios a los que no amo tanto como los tuyos; Pero son la mejor medicina que encontré para contrarrestar mi soledad. Y con mal uso, cualquier medicina se convierte en droga. Lo sabes, ¿no, mi amor? Los momentos de descanso son los que él me abraza.

Estaba convencida de que con esto no hacía daño a nadie. Después de todo, solo tu me querías. Él se encontraba en la misma situación que yo. Y posiblemente siga en esa situación y yo sólo esté teniendo fantasías, delirios. Pero con el amor no se juega, y una vez más, he llegado tarde para darme cuenta. La niña que nunca aprende.

¿Cómo voy a seguir con esta farsa tan bien elaborada? Si todavía hay fuegos encendidos en mi pecho por tu mano, con lo que podría forjar cualquier metal; cuando él sólo es la brisa que lo templa. ¿Dónde queda el trabajo mejor realizado? Como si lo uno sin lo otro fuese un trabajo concluso.

¿Debo seguir con él, mi amor? ¿Qué me dices? Es cierto que le quiero, que me despierta ese palpitar que juré enterrar para siempre. Y quiero que así se quede aunque me duela estar descorazonada. En cierto modo, es el único que me hace olvidarte. Y como buena medicina, se está convirtiendo en mi droga y en mi sustento. ¿Qué pasa si esta vez puede de nuevo el orgullo?

¿No es cruel, mi amor?

¿No es injusto, mi amor?

¿Qué tengo yo, una simple mujer sin terminar de construir para que dos seres tan maravillosos se fijen en mi? Aunque uno ya me haya olvidado, mi amor, y el otro se esfuerce en hacer que no me conoce. Pero no solo os habéis fijado, mi amor, habéis cometido el mayor error de vuestra vida. Os habéis enamorado (o un día así lo juraste) de alguien que jamás podrá ser perfecta. De promesas vacías que ahora quedan guardados al fondo de un cajón de ropa que nunca me pongo. De recuerdos pasados que jamás se recuperarán, porque en su día cerré el candado y eché la llave al mar. De pesadillas que me perseguirán, atormentándome eternamente por el error que repararía.

Y sin embargo, sólo él hace que mi sueño guarde una respiración tranquila. Respiración que tú me robaste.

¡Oh! mi amor, mi amor, cuanto me gustaría abrazarte, besarte, cuanto me gustaría poder tocarte, mi amor, susurrarte al oído todas aquellas promesas, recuperar lo que un día fue nuestra vida. Y sé que no puedo. Lo peor de todo, es que sé que no puedo. Porque ya no estás, porque te empujé lejos y decidiste dar media vuelta.

¿Por qué habréis cometido semejante error? Encender un corazón que nació roto ¿Por qué decidiste caer, mi amor? Si luego tenías pensado abandonarme ¿Qué tengo yo que pueda hacerte tiritar aún cuando hace calor?

Has cometido el mayor error de tu vida, mi amor. Dar vida a algo que no puedes matar. Dejarme moribunda para siempre.

sábado, 21 de mayo de 2016

El dolor de un recuerdo.

Nunca volverá a ser tan amargo el sentimiento, ni tan dicho, ni tan falso, ni tan real, pues ya sólo queda la sobra de lo que un día fue un rayo.

No hay más que despedidas en cada uno de mis recuerdos, de los momentos que compartimos. Y el pecho sigue doliendo, pero con una sonrisa de "lo que no pudo ser no fue", perdiendo los sueños y el futuro que un día luché por tener.

Y no volverá a ser tan duro, ni tan sencillo. El verte sólo me causará una amarga y gran sonrisa, de todo lo que fuimos, como una película que siempre te alegra ver, aunque necesites llorar cada vez que lo haces.

Ya no me importa la suerte, ni la muerte, porque en mi camino se juntaron una vez y conseguí superarlo.

Lo cierto es que el dolor de un recuerdo sigue siendo dolor, pero el mismo que se te queda en una cicatriz tras una herida mortal. No te duele, sólo recuerdas que una vez, hace tiempo, quizás mucho, quizás menos, el daño estuvo ahí. No es un dolor real, aunque duela. Ni será tan amargo, ni tan dicho, ni tan falso, ni tan real. Ya solo es una cicatriz, aunque el recuerdo de la herida siga doliendo.

lunes, 11 de abril de 2016

Otro más para mi lista (de 2009)

Comentario Previo de la Señora Ex-Carmen(A)tada

Es curioso.
Algunas veces, cuando leo cosas que escribí hace unos cuantos años, siento que podría haberlo hecho mejor, pero a la hora de corregir las historias, no puedo cambiarlas, porque son lo que era entonces.
Ahora mismo le añadiría mil dimensiones distintas.
Posiblemente terminaría siendo un texto distinto.
Pero ¿por qué cambiarlo? Yo era así después de todo.

También me resulta muy curioso ver cómo, en estos 6 años apenas he cambiado. Me he vuelto más lista, sí, pero digamos que ahora simplemente sé cubrir mi rastro.
Esta es una de las pocas historias que he escrito 100% tal cual sucedieron (o tal cual las percibió mi cabeza). Sin giros dramáticos ni vueltas de hoja (puede que un poco, pero yo soy tremendamente así). Recuerdo realmente con exactitud la noche y aunque ahora lo veo desde otro prisma (pues sé que ese chico no era mi mejor amigo, y ahora habría sabido que la tal Sarita era sólo una excusa para hablar conmigo), sigue siendo una noche agria porque si no hubieran sucedido las cosas como sucedieron, igual mi vida hubiera sido muy distinta.

Demos gracias a que sigo siendo la misma, sólo que un poco más lista. Mis años me costó.

Otro más para mi lista.


Siempre arruino lo que empieza bien. Soy experta a la hora de meterme en líos y, normalmente, no sé cómo conseguir que se arreglen sin ayuda de nadie. Soy así de estúpida.

Si existiese algo peor que aborrecerse a uno mismo... yo, seguiría siendo infinitamente peor. Supongo que odiarme es un pequeño precio que he de pagar a cambio de los que tendrían que hacerlo y si embargo, siguen ahí.

Recuerdo perfectamente el día. Sábado. Maldigo el momento en el que le miré a los ojos y no supe decir que no. No sé por que´lo hice. Sé que no fue por mi... Nunca he necesitado lo que él venía a darme (o quizás sí). No era como para fastidiar una amistad. Y en mi cabeza resonaba que apenas unos meses había vivido una situación parecida con un final dramático.

Sé que tampoco lo hice por amor al arte. Y puedo asegurar que de que todo lo que me movió a hacerlo no fue la pena, aunque fuese eso lo que me empujase en una gran medida. Suena mal, ¿no?

Pero entonces, si analizándolo no encuentro el motivo... ¿por qué lo hice? Quizás es un instinto secreto que tengo de curar los traumas de mi niñez, de ahogar en la saliva de otros la imagen de patito feo que otros construyeron por mí y que aún hoy me persigue en mis sueños más aterradores.

Sus ojos marrones, haciéndome ver que tenía el alma en los pies, sin ninguna esperanza, sin mostrarme esa magnífica sonrisa tan característica de su rostro y a la que yo me había acostumbrado, esa sonrisa contagiosa que me hacia sentir segura. Se puede decir que oí su corazón, desbocado a mil por hora...

¿Qué hacer entonces? ¿Qué podía hacer? Recuerdo que mi cabeza no terminaba de entender la pregunta. No acertaba a comprender lo que estaba ocurriendo y de algún modo, sabía con seguridad lo que iba a ocurrir, aunque tratase de engañarme a mí misma diciéndome que ésta vez sería distinto.

-Pero si a ti te gustaba Sarita... - fue lo último que dije antes de volver a abrir los ojos, para ver cómo él cerraba los suyos perdiendo toda esperanza, para volver a cerrarlos y unir mis labios con los suyos.

No duró mucho. No fue muy largo. Sólo un beso. Un simple beso. Pero me dolió en el alma. Verdaderamente, me dolió en el alma.

-Te odio, te odio, te odio... - no hacía más que repetirle.

Ver cómo a base de engaños, de encontrar lo que yo quería de él, su amistad, cómo había conseguido darle la vuelta, para tenerme tan cerca que cuando él me preguntase, yo no pudiera hacer otra cosa más que rendirme sin luchar, porque de algún modo le quería.

Me había utilizado, arrastrado a hacer algo que yo esperaba que no pasase... que no sucediera con él, como había pasado tantas veces antes con tantos otros. Su intención nunca había sido la amistad. Nunca había pretendido que fuésemos amigos y ahora lo veía claro.

-Te odio, te odio, te odio... - continué diciéndole, susurrando en su oído, con la esperanza de que nadie más nos viera.

Él solamente puso su dedo en mi boca, exigiendo así que me callase, porque no quería oír todo lo que tenía que decirle. Aunque mi elocuencia no fuera fluida, supongo que aquellas palabras le dolerían igual, pues venían de un corazón roto.

Cuando estuvo seguro, lo retiró y acercándose lentamente a mi, como si temiese que hubiéramos dado un paso atrás, volvió a besarme.

Ya lo había vuelto a hacer. El daño que estaba hecho, ahora se agravaba.

-A ti te gustaba Sarita... - pude decir cuando volvió a alejarse de mí, sin haber recuperado de la cabeza todas las palabras que tenía que decirle.

Y no pude hacer otra cosa que hundir mi cara en su pecho, muerta de miedo y vergüenza por haber caído otra vez en la misma historia de siempre.

martes, 8 de marzo de 2016

Cuando tiran todo tu trabajo por tierra.

A veces, al escribir aquí, sólo me apetece contar lo malo que me pasa, nada más que un reflejo de cual es mi punto de vista, sin tener que negociar con nadie, ni contar con la opinión de la vida de los demás.
Sólo eso. Y por eso me siento bien.

Últimamente estoy especialmente agotada (cuanta mente junta). Me meto en muchos proyectos, a veces más de los que puedo abarcar (es posible), y me gusta. Me siento útil, desarrolla muchas de mis capacidades, me mantiene activa, evita que piense en según que cosas negativas...

Pero qué pasa cuando, absolutamente nada de lo que haces, parece ser suficiente. Cuando siempre hay un pero o una mejora, una coletilla o la puntilla que falta al trabajo. Y qué casualidad que muchas de esas veces, la coletilla la ponga alguien que todavía no ha movido ni un dedo, que se sienta a esperar a ver qué pasa por el lugar.

Estoy cansada. Aunque no sea así realmente, me siento con la palabra INÚTIL marcada en la frente.

Me gustaría que de vez en cuando, alguien me dijera: lo has hecho perfecto, nadie podría haberlo hecho mejor porque nadie se ha esforzado tanto como tú.



Sé que realmente esto no es así. Sé que no lo hacen por criticar, sino por mejorar de algo bueno a algo mejor.
Aún así, hay veces que me encuentro muy cansada. Agotada.
Pero contra eso no pe puede luchar. Sólo seguir y esperar que alguien te diga "Buen trabajo, pequeña, buen trabajo".

martes, 23 de febrero de 2016

El rap y yo...

... lo cierto es que nunca hemos tenido una gran relación.

Igual es porque jamás me he dedicado a intentar conocerlo.

Sin embargo, gracias a una persona de mi pasado, sí que le he cogido mucho cariño al Chojin. No he ido nunca a uno de sus conciertos. Nunca me he comprado un disco... No soy una fan. Sin embargo, por lo que dice, por lo que cuenta, me parece un tipo formidable.

Llevo tiempo intentando escribirle algo. Dedicárselo y decirle lo bueno que es (a pesar de que a mi no me guste el rap). Supongo que ese tipo de críticas son de agradecer.

Luego pienso "¡Bah! Es famoso; se lo dirán mucho". Y me lo callo.

Hasta que vuelvo a oír alguna de sus letras.

Hoy, esa sensación la he retomado con una de sus canciones (como de costumbre no le he escrito nada, aunque se me haya ocurrido).

Esta canción se la dediqué hace tiempo a la misma persona que me "presentó" al Chojin. Creí que le ayudaría a salir de donde estaba, que se le curarían las heridas si lo escuchaba. Porque yo sólo podía pensar en él en esos momentos.

Hoy, sigo pensando en esa persona, igual que antes. Pero todo ha cambiado mucho (demasiado) y ahora no le veo a él reflejado en esas palabras. Soy yo. Un espejo de lo que antes fue él, que él superó y yo me estanqué.

Por eso me la dedico. La verdad. 

jueves, 28 de enero de 2016

... Capricornios...

Primero de todo, qué decir: dar una explicación.

No soy una persona que considere que haber nacido en un mes determinado te proporcione una personalidad (hablo del signo del zodiaco). No digo que no influya (todo eso de las lunas y la posición de los planetas..), pues hay muchas cosas que no comprendemos y se nos escapan.

Pero llamadme ilusa: me gusta pensar que tenemos opciones y un destino medianamente abierto.

Sin embargo, del mismo modo que estoy segura de que haber nacido en enero no me convierte en "bla, bla, bla, bla!, no puedo dejar de leer cosas de esas. En parte para ver si acierta y para ver si fallan. Como una especie de "apuesta".

Hoy ha tocado sobre "La persona que necesitas como pareja según tu signo del zodiaco". Y el resultado ha sido este:

Capricornio:Si te digo que lo que necesitas es más amor, quizás piensas que eso no es para ti, que tu eres duro como una piedra, que el amor es un cuento chino, que ya después de todo ni siquiera te fías. Pero sí Capri, lo que necesitas es amor, pero no un amor cualquiera, si no un amor idílico, casi poético. Una persona que sepa arrancarte caricias y abrazos, y besos, que dialogue contigo y comparta sus experiencias pero que en medio de la conversación te acaricie la mano o la mejilla, que ablande tu corazón, ese que a veces parece frío como el hielo, ese que en el fondo, sólo desea entendimiento y cariño. Necesitas a esa persona que comprenda que cuando estás más serio de lo normal es que algo te preocupa, y que no tengas tú que decírselo o defenderte cuando te acusan de volverte hermético. Que te agarre de la mano y te diga: “Vamos a solucionarlo juntos, estoy y estaré contigo siempre”. Y a ti con eso te basta, porque tú no necesitas tener de alguien cosas más o menos cosas materiales, ya estás tu para conseguir lo que quieras, tú sólo necesitas ese amor incondicional, que alguien te de toda la confianza para poder mostrar todo de ti y por fin, sentirte libre.
Ya he dicho que generalmente no estoy de acuerdo.

Nunca he necesitado que se batan en duelo por mí, que hagan grandes proezas o que maten a un dragón. Ni siquiera he necesitado nunca que me defendiesen. Soy dura de pelar y las pasteladas no me gustan.

Pero sí necesito que alguien esté ahí. Que no me diga nada. No necesito palabras (para aportar palabras ya estoy yo). Que me diga las cosas que quiere decirme. Que cuando le pida algo me lo dé, sin plantearse nada más. Alguien que esté ahí siempre. No para hacer mi vida, sino por si acaso. Un punto de referencia.

Con el tiempo he aprendido que apoyarse demasiado en alguien puede ser malo. Ya no me apoyo en la gente para salir adelante. Pero me gustaría tener a alguien a quien no le importe ir de la mano.

viernes, 15 de enero de 2016

De nuevo, sobre estas cuatro ruedas.

Otra vez aquí, esperando en la fila para comprar un billete de autobús con destino a Alcalá de Henares, Madrid. La misma historia de una vez al mes.

Como desde hace ya un par de años, lo compro siempre a última hora. Aún recuerdo cuando en is primeros viajes (hace unos cuatro años), tenía que sacarlo por lo menos con dos semanas de antelación, para poder sentirme tranquila.

Cómo cambian las cosas. Conforme han pasado los meses, el tiempo se ha ido estrechando, y ahora me hallo aquí, con tan sólo una escasa hora para la salida del autobús. Hoy ya no soy la misma persona. Estos viajes se han convertido en un continuo en mi vida.

-Hola, muy buenas – sonrisa ante todo –. Un billete de ida y vuelta para Alcalá de Henares hoy a las 14:20 y con vuelta el domingo a las 21:25.

Cualquiera diría que después de cuatro años haciendo la ruta una vez al mes, me tendría que haber aprendido el horario, pero no. Siempre he de sacar el papelito y consultarlo. Que viaje tan a menudo no afecta a mi mala memoria.

Pago religiosamente mis 27’14€ y me retiro cogiendo en billete con un sincero “Muchas gracias” ante el “Buen viaje” de la taquillera que me ha atendido. También me acuerdo cuando el billete no valía ni 25€ y cómo poco a poco ha ido subiendo de precio. Cosas de la crisis, supongo. Eso no me ha frenado para seguir viajando.

En las fechas en las que estamos, en la estación Delicias de Zaragoza sólo tienes dos opciones para esperar el autobús: morir congelado en la dársena donde estacionará tu autocar o meterte en uno de los cubículos y esperar pacientemente la voz que anuncie tu viaje.

También he cambiado en eso. Hace cuatro años prefería pasmarme de frío, soltando vaho y tiritando, ante el miedo de que pudiera aparecer mi bus sin que yo me percatase e irse sin que yo me hubiese montado en él. Hoy, espero paciente, leyendo de mi libro electrónico, adelantando el entretenimiento reservado para el viaje.

Siempre me ha gustado observar a las personas que están conmigo en la cabina. Algunas son de aspecto simple y otras más curiosas. A menudo se mantienen conversaciones a las que no puedo evitar prestar atención, disimuladamente, escondiéndome tras mi e-book.

Sobre todo me encanta cuando hay alguna familia con niños pequeños. Me gusta la visión que tienen del mundo éstos últimos: cuando todo es jugar y divertirse y cuando están bien educados lo hacen susurrando.

Me arrancan sonrisas.

Conforme se va acercando la hora, voy recogiendo lo poco que he desplegado: los desperdicios de un breve sándwich sacado de una máquina expendedora que ahora tiraré a la basura, una botella de agua y el libro electrónico.

Salgo a las dársenas y me coloco en la fila de mi autobús. Cuando baja el conductor, ya sé lo que va a decir: “Maletas de Madrid a la derecha, el resto, a la izquierda”. El resto solemos ser Guadalajara y Alcalá de Henares; igual con un poco de suerte, alguno hay de Calatayud.

Es entonces, no obstante, cuando la gente parece volverse loca. De tanto que corren, alguno juraría que casi vuela. Si es su primer viaje, lo entendería. Yo también era así antes. Me movía con la incertidumbre de no saber qué iba a pasar. Ahora ya no. Sé que va a haber un hueco para mí y que si no, el conductor lo hará para mí. Supongo que son gajes del “oficio”.

Colocada la maleta en el sitio que corresponde, me pongo en la fila, con mi billete en la mano. Ya he mirado el asiento y ya tengo calculado mentalmente dónde me toca sentarme. Siempre prefiero ventana, pero tampoco soy de las que las piden a propósito. Hoy he tenido suerte.

-Asiento 9, muchas gracias – dice el conductor tras coger mi tique y romper un trocito para demostrar que está pasado. Con una sonrisa, claro.

Contesto con otra sonrisa y procuro subir lo más rápido para no interrumpir la maniobra de los demás.

Al llegar a mi asiento, me quito el abrigo dejándolo en el hueco de arriba y me siento. Por suerte todavía no hay nadie sentado en el lugar del pasillo, porque si no, entre que se levanta esa persona, te deja pasar y se vuelve a sentar, se forma una cola detrás interminable. Qué le vamos a hacer, cosas del directo.

Más tarde sólo me queda sacar los auriculares, desenrollarlos (porque parece que antes de salir de fábrica hacen un curso sobre “cómo hacer nudos sin causa aparente”) y enchufarlo a la radio de mi asiento. ALSA radio, sí señor.

Por delante quedan cerca de tres horas y media de viaje, de un paisaje relativamente monótono que ya tengo muy visto.

Mi compañero tarda en sentarse. Es un señor mayor, de unos 60-65 años, que poco tarda en quedarse dormido de un modo en el que da la sensación de que se va a romper el cuello con cada bache.

Y el tiempo se me hace caprichoso cuando estoy en el autobús. A momentos corre a pasos agigantados y a veces tengo que empujarle para que siga andando. No debería ser así. He madurado en todo, en estos cuatro años. Pero el tiempo no me acompaña en esto. Él hace siempre lo que quiere.

De pronto, me encuentro reflexionando sobre todo lo que ha cambiado en mi vida. En un estanque infinito del tiempo, sin que se muevan las agujas del reloj, aunque el bus avance en su ruta.

Recuerdo el primer viaje que hice, sola; aquella locura que él me propuso: “Vente, mis padres se van este puente. Tendré la casa para mí solo”. ¿Qué tenía yo en esa época? ¿18 años? Nunca me he considerado una persona inmadura, pero ahora, al echar la mirada atrás, me doy cuenta de que fui una niña enamorada. Compré el billete casi sin pensar (sólo porque él me lo había pedido) y me fui rumbo Alcalá, sin siquiera saber qué me encontraría allí.

El tiempo quiso convertirlo en costumbre. Y a Dios que doy gracias por ello.

Hoy, también he evolucionado en eso. El primer viaje lo pasé enteramente despierta, informando de por dónde iba, de qué tal estaba la cosa… Todo me emocionaba, cada nueva señal que veía con mi destino gravado, hacía que me diese un vuelco el corazón. Ahora mismo, lucho por no cerrar los párpados en una posición que me lastime. Siempre llevo mil actividades: estudio, lectura, videojuegos, y un largo etcétera. Pero todo se vuelve inútil.

Lo incómodo de viajar en autocar (bueno, y en cualquier transporte público) es que siempre te molesta la gente. O quizás es que yo no soy muy social, que todo puede ser. Siempre hay alguien chillando por el teléfono, alguien roncando, uno que ha decidido que descalzarse es lo mejor que puede hacer en un sitio cerrado, una persona que al levantarse de su asiento utiliza el tuyo para ello y hace que te tambalees… Está claro, puede que la antisocial sea yo. No lo negaré.

Pero todo pasa. Incluso esas (dudosas) interminables tres horas y media de viaje. Llega. Ese momento en el que miras por la ventanilla y puedes atisbar tu parada a lo lejos, viendo a un montón de personas esperando en ella, sabiendo que una de esas figuras te está esperando exclusivamente a ti, para pasar un fin de semana aunque sea, unos pocos días que compensan tanto la distancia que hay entre vosotros.

¿Puede existir tanta ilusión en llegar a tu destino? A pesar de que hayan pasado los años, el corazón siempre se me acelera, sabiendo que por fin he llegado, sabiendo que ha merecido la pena todo el rato sentada, dormida, leyendo o haciendo mil cosas.

Bajar lo más rápido posible (más incluso de lo que te permiten tus piernas), con el corazón tan acelerado que se te olvida que habías traído maleta, y lo mejor de todo, poder, por fin, lanzarte a sus brazos como si no hubiese nadie más en el lugar. Descubrir que nada ha cambiado, que todo sigue igual y que seguirá igual que el primer día entre vosotros dos, por mucho que tú mismo hayas cambiado, evolucionado o como quieras llamarlo.

Y no hay nada que valga más para mí que eso.

miércoles, 13 de enero de 2016

¿Público o Privado?

Quizás esta reflexión no le guste a mucha gente. Son consciente de que es uno de los temas que más separación causan entre la población española (quizás en otros países también, pero no puedo hablar de ellos).

Desde luego, lo ideal, la utopía, el súmmum de la perfección, sería que todas las personas tuvieran el mismo derecho a acceder a las mismas prestaciones, con la misma calidad de servicio y de nivel. Pero no es así. No lo veo como algo real, por mucho que duela, para empezar, porque siempre habrá personas que lo usen mal, que se aprovechen de la ventaja de otros, etc.

En mi corta existencia (consideremos corta la tierna edad de 22 años), me he visto envuelta en las dos caras de la moneda (consideremos lo concertado como privado, aunque no lo sea). Desde temas de Sanidad como de Educación. Desglosemos:

La Sanidad Pública española es de las mejores del mundo (recalquemos la palabra pública). La atención "masificada" que se da a todo el mundo sin pensar en la capacidad económica de esa persona es maravillosa, necesaria y me parecería una aberración eliminarla. Creo que los servicios de sanidad deberían ser capaces de extenderse a todo aquel que los necesite y para ello, estoy más que dispuesta a sacrificarme pagando unos impuestos destinados a ello. Ahora bien, ¿qué queréis que os diga?: hecha la ley, hecha la trampa; Se necesita un control mucho más riguroso del acceso de ciertas personas a esta dimensión pública.
Ahora no me refiero al pobre extranjero de países menos desarrollados, que ha abandonado su país de origen para buscar un futuro mejor. Hablo más bien de la familia bien que coge un avión desde Inglaterra para hacer un trasplante gratis a alguno de sus parientes. ¿Cuantos casos de esos se habrán visto? Para mi gusto, demasiados. Podría poner más ejemplos de lo que me gusta y lo que no me gusta de la Sanidad Pública, pero no voy a meterme en ello (quizás en otra ocasión).

Yo más bien, tenía interés en escribir esta entrada, para hablar de la Educación. En primer lugar, mencionar que hablo desde el punto de vista que he podido obtener, hablo de mí y de mi experiencia, por lo que pido disculpas de antemano si alguien no está de acuerdo en esta forma de ver el mundo.

Desde pequeña, mis padres me apuntaron a un Colegio Concertado. Estuve estudiando ahí desde 1º de Primaria hasta 2º de Bachillerato (la mayor parte de mi vida, vamos). Y podría decir mil maravillas de mi Colegio, porque no sólo han sido profesores, sino que han sido grandes educadores (desde más pequeña hasta más mayor). Han sido mi familia, una gran familia que se ha preocupado de mí, no sólo de mi expediente académico, sino de mí personalmente. Gracias a ellos, conseguí superar los estudios, hacer la Selectividad y tener la oportunidad de tener una nota para acceder a la Universidad. Y no sólo hablo de la materia que me impartieron. Hablo de el Colegio como personas que han trabajado junto a mi. No sé por qué, eso se me hace imposible en un Instituto Público (al menos, en contraste con lo que he hablado con otras personas).

Después de ello, accedí a la Universidad (que de pública se podría dudar, puesto que hay que poder pagarla -y no todos pueden acceder económicamente a la carrera que desean, en parte porque las becas están mal repartidas [aunque eso sea otro cantar]-). Precisamente en comparación con el sector Privado, el Público no tiene esa familiaridad. La gente no se conoce entre sí; sólo existen números y expedientes y conforme vas avanzando, si tienes suerte, eres llamativo y tienes gran capacidad de relación, serás alguien en los cursos siguientes.
Igual aquí entra un factor en cuenta, del que muchos otros que han pasado por la Universidad carecen y aunque no me gusta presentarlo de excusa, sé que es parte de mí y obviamente, me define: presento una discapacidad.
¿Qué quiere decir esto? Necesito muchos más puntos de referencia que la mayoría de la gente. Necesito conocer personalmente a la gente con la que voy a estar y que los que van a estar conmigo conozcan mi situación a fondo (y no como "¡Ah! tú eres la chica con discapacidad, ok").
Reconozco que mis circunstancias son prácticamente exclusivas y eso reduce el sentimiento que vosotros podáis sentir al leer esto.
Tomé la decisión de abandonar la Universidad. Y lo "peor" de todo, es que no creo que haya sido una mala decisión.

Como he de hacer algo con mi vida (no porque la sociedad me lo exija, sino porque yo quiero salir adelante sin necesitar nada de nadie), decidí apuntarme (la verdad que por pura coincidencia) a un curso para ser Actriz de Doblaje.
Jamás en mi vida me lo había planteado, un poco porque ese tipo de profesiones es como ser futbolista o cantante, ¿no? se ve muy lejano.
El curso lo hago a través del Grupo San Valero (CPA, Universidad San Jorge...), es un centro privado de educación de Audiovisuales y lo cierto es que estoy realmente encantada con el trato que me están dando. Es una educación personalizada, donde el profesor está por y para ti. Te conocen personalmente y valoran algo más que "tú tienes buenas notas".

Qué voy a hacerle. Creo que en la Educación, el Sector Privado se lleva la palma.

No sé como concluir esta entrada. Tenía pensado orientarla de otra forma pero ha derivado de tal modo que ya no es lo que pretendía (no me quejo). Creo que simplemente, terminaré con que esspero que algún día, el trato del Sector Público se acerque un poco al del Sector Privado para que todos puedan entender por qué hay una diferencia de opiniones y de gustos.

El problema no es el dinero que te da el acceso a un mejor Servicio. El problema está en que los profesionales de cualquier tipo de Sector (tanto Público como Privado), deberían mirar por sus "clientes" y no considerarlos sólo un expediente, sino personificarlos y dignificarlos de manera individual.

lunes, 5 de octubre de 2015

No sólo soy lo que hago.


Igual es porque cuando era más joven ningún hombre se fijaba en mi (o yo creía que no lo hacían), o quizás eso sólo ha sido la excusa de siempre y habría sido igual aunque todos me hubieran prestado su entera atención. He sido juzgada miles de veces por comportarme como lo hago. 

He tenido problemas en mi vida diaria por un "error". Quizás es que antes no era tan madura y me metía en más líos por este asunto, porque no era capaz de entender que en una relación (de la intensidad que sea) participan dos personas y que si metes a una tercera, todas las partes deberían estar de acuerdo en ello.

Ahora me considero más adulta, más madura y sé que la gente no entiende que hoy pueda querer a una persona y mañana pueda querer a otra (será por eso que siempre caigo en el que nunca me ha juzgado).

Pero me sigue doliendo. Me duele mucho que me juzguen sin conocerme, que aíslen un hecho totalmente separado de la realidad y que lo metan en un contexto general.

Durante mucho tiempo, me sentí culpable por lo que hacía, porque creía que verdaderamente me definía como ser humano. Llegó un momento en el que renuncié a mi misma.

Luego, me di cuenta de que lo que yo hacía no tenía por qué ser lo que yo era. Y sin embargo, era parte de lo que era y me gustaba hacerlo.

Un lío. Ni siquiera sé si me estoy explicando.

El caso es que ahora, cuando veo este tipo de imágenes:


Me desgarran por dentro, porque me recuerdan lo que la gente piensa de las personas como yo. Y no lo veo nada justo.

domingo, 27 de septiembre de 2015

Odio (de 2009)

Comentario previo de la Señora Ex-Carmen(A)tada.


Sé perfectamente a quién escribí estas palabras.

Lo cierto es que igual, como en esta vida cuando somos "jóvenes" todo parece demasiado real. Sin embargo, cuando pasa el tiempo nos damos cuenta de que ese sentimiento no era tan puro como nosotros pensábamos.

Me gusta la historia, aunque creo que para lo que soy ahora es demasiado simple y le falta dar un par de vueltas aún para estar completa. Pero se advierte la esencia de lo que quería decir. Y a mí, con eso, en esos años, parecía valerme.

Recuerdo muchos dolores de mi vida. Y este será uno de los que guarde para siempre. Será que me afectan mucho las "traiciones" y los abandonos.

Será que sigo siendo una Ex-Carmen(A)tada a todo esto.

Odio.


Se me revuelven las entrañas cuando pienso en ti. El más oscuro odio sale del rincón más remoto de mis recuerdos, provocando temblores en mis puños, que cierro y aprieto al cuerpo para evitar infligirle daño a alguien de mi alrededor.

Y es que te odio. No puedo contigo. No te aguanto. Las tripas se me encogen de asco cuando pienso en lo que me gustaría hacerte...

Quiero ver cómo tu sangre abandona todo tu cuerpo, extinguiendo así la vida que me prometiste y que no supiste cumplir. Esa vida que quería... mas ya no deseo; porque te odio.

Te cortaría la lengua para que no envenenases a nadie más con tus sucias mentiras y palabras traidoras.

Te arrancaría los ojos de sus órbitas para que no pudieras elegir a tu próxima presa infeliz.

Te quitaría el corazón negro que hay en tu pecho y lo pisotearía, sólo para que sintieses la mínima parte del daño que he sentido yo... por culpa tuya.

No eres humano. No hay nada de humanidad en todos tus actos.

Y ahora te odio.

Me quieres seguir envenenando con tus sucias palabras de amor.

Y te odio.

Pero... no puedo respirar cuando me hablas, con esa voz con la que disimulas tu oscura naturaleza. No puedo apartar la mirada de tus ojos, con ese brillo que consigue que las palabras tengan todo el sentido del mundo. No puedo evitar admirar el latido de tu corazón, aunque ahora sepa que es negro; un corazón que corre a la misma velocidad que el mío.

Por eso te odio: porque a pesar de todo, una parte de mi ser, sigue amando el tiempo que nunca volverá. Por eso aún siento que te extraño.

Y por eso te odio.