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miércoles, 27 de mayo de 2020

Hay que quitarse el polvo de vez en cuando.

 Hace unos meses tuve la presentación de la asignatura de Plástica en la carrera. En ella nos pusieron este videoclip, que como veréis, está compuesto por múltiples obras de artes. Qué palo más gordo hacia mi persona... Qué ignorante me sentí.
Siempre me ha gustado el arte, pero nunca lo he tenido muy en cuenta. Ni autores, ni obras, ni movimientos... Soy una pura inculta que presume de ser artista. 


Por otro lado, reconozco que esta canción me gusta mucho. La energía, las ganas de seguir aunque todo te vaya mal y ese buen rollo. A veces necesito sentirme así, darme un empuje más, una vuelta de perspectiva, sin olvidarse de la realidad, claro. Sólo aceptarla y seguir.

lunes, 6 de noviembre de 2017

Teníamos planes, pero no podías hacerlo.

Creo que cuando una persona te dedica una canción así, está llorando porque no fuiste lo suficiente y porque realmente tenía esperanzas en que todo salirea bien.
Quizás distinto a como había salido siempre.
Igual no habría sido.



jueves, 4 de mayo de 2017

Un sinvivir.

A veces la música dice exactamente lo que quieres decir, quizás cambiando algún pequeño matiz o cambiando algún nombre, una palabra...
Ultimamente ya sé que igual pongo demasiada música y poco texto, quién sabe. Me parece que ameniza. ¿Y para qué voy a decir algo cuando hay otra persona (o grupo) que lo dice mil veces mejor que yo?

Esta canción va dedicada.

Ahora mismo en mi vida hay un par de cosas (personas) que no funcionan. No porque yo haya querido que dejase de funcionar, o porque haya dejado de quererles. Pero me resulta tremendamente curioso, como por un error (ellos sólo me han dicho un par de la enorme lista que debe haber), se puede ir todo a la mierda.

Y no está mal. A veces pasa. Hay gente que viene y gente que va, que entran, que salen; la vida cambia y hay que adaptarse. No es buena, ni mala; es distinta. Hay que saber adaptarse, aceptar las decisiones y las consecuencias y mirar hacia delante.

Por eso mismo, si algún día llegan esas dos personas a leer esto, quiero que sepan que no les guardo rencor, que cuando quieran, me van a tener ahí, porque yo no me he ido (aunque ya no seamos nunca amigos nunca les voy a menospreciar ni a hacer de menos). Pero que lo superen ya, que dejen de pensar en mi.

Os la dedico, chicos 😉:

martes, 25 de abril de 2017

La razón por la que he tardado tanto.

¿Cuántas veces habré intentado escribir algo sobre ti? ¿Cuantas veces habré empezado y habré borrado todo? A pesar de que tus indirectas ya se pasaran a altgo más descarado que las directas. Aunque ya haya habido pequeños trazos en historias que van de pasada. Pero ninguna ha sido tuya en exclusividad. Y supongo que podría deberte una disculpa, aunque sea sólo por la importancia que tienes en mi vida y la poca que te he dedicado en este blog.

Pero quizás es que tenga un problema (más de uno, ya sabes). Quizás escribir sólo me sirva para aquello que me da miedo, aquello en lo que dudo y aquello en lo que necesito una respuesta. Que me sirve para soñar lo que nunca conseguiré o para aceptar que algo ha terminado de forma definitiva. Palabras que jamás podría decir en alto, porque no saldrían jamás como espero.

Quizás ese sea el único motivo por el que jamás he llegado a publicar nada, por el cual comenzaba a escribir y tenía que borrarlo todo. Porque mis sueños, por muy ridículos que sean, están ahí ahora, te adelantas a mis pensamientos. Porque tras todo este tiempo, tras todo lo que ha sucedido, sigues estando ahí para obligarme a acostarme en el sofá, presto a prepararme una mancanilla, incluso con mis cabezonerías. Porque jamás va a terminar esto, ¿no?

Porque todo lo que quiero decirte, esta dicho ya en un susurro, o en una mirada, o en un abrazo. Y no hace falta escribirlo para que lo sepas o lo entiendas (eso espero al menos).

Quizás por eso, esto sólo sea una pequeña aclaración de por qué jamás te he dedicado una entrada, por si me estás leyendo.

Porque no tengo palabras para lo que es natural para mi.

lunes, 26 de septiembre de 2016

Próximo reto:

Aprender a cantar la canción deHerr Mannelig


Sé que va a ser difícil, pero ahí lo intentaremos.

jueves, 9 de junio de 2016

Aquella maldita Canción. Primera parte: Él.

Me encontraba rodeado de gente que todavía no me había dado tiempo a conocer. Supongo que eso es lo que suele pasar cuando tu nuevo jefe, te invita a una fiesta de trabajo a pesar de que ni siquiera has completado la primera semana. No sé ni siquiera por qué se le ocurrió invitarme personalmente. Supongo que es un tema de esos de "empresa familiar".

Igual es uno de esos jefes que luego presumen delante de otros empresarios sobre que toda su plantilla está en marcación rápida de su teléfono.

Nada más entrar, lo primero que hicieron, fue entregarme una copa de lo que parecía un margarita, con su aceituna y su sombrillita azul incluidas. La acepté, de todas formas, no iba a venirme mal para quitarme esa vergüenza del primer contacto.

Lo siguiente, sólo fueron saludos y felicitaciones por parte de mis nuevos compañeros por haber entrado en tan fantástico empleo como es el de la publicidad. Pero conforme iban pasando los minutos, yo me sentía más desencajado, cada vez pintaba menos, como en esas fiestas en las que lo único que puedes hacer es observar cómo compañeros de toda la vida disfrutan, mientras tú, amargado, te sientas en el sofá a terminarte tu copa, como cuando en una fiesta de instituto invitan al marginado para meterse con él y por un golpe de suerte, se olvidan de que existe. En el fondo, no debería despreciar mi suerte.

La gente se desmadraba, los hombres se aflojaban las corbatas y se desabrochaban los primeros botones de la camisa y las mujeres se descalzaban y comenzaban a insinuarse a los guapos y solteros. Y yo, era el nuevo que no podía hacer nada de eso, aparte de sonreír cuando me tendían una nueva copa y agradecer el gesto de “haberse acordado de mí, sin meterse conmigo”.

Aburrido, me levanté de aquel sofá de cuero y me puse a explorar cada habitación, buscando una liberación de aquel lugar que a mí me parecía tan terrible y que sin embargo, parecía ser el mejor lugar del mundo en el que uno pudiera estar.

Quería hacer algo, daba igual: interesante o no. Sólo quería ocupar mi mente en algo. No lo encontré, pero decidí quedarme sentado en una de esas habitaciones, a la espera de que pasase la fiesta… o de que el alcohol que ya me había tomado, hiciese su efecto, pudiese desembarazarme de la apatía y liarla tanto como el que más, esperando que al día siguiente no tuviese un mote ridículo en la oficina.

Ninguna de las dos pasó cuando aquella canción me trasportó, alejándome del bullicio de la fiesta, que aún a través de la puerta cerrada, alcanzaba a oírse.


Sabía perfectamente qué canción era: “Can’t smile without you” de Barry Manilow. Es una de esas canciones románticas que pocas veces suelen gustarme. Pero aquella, era especial, aquella tenía un significado distinto que hacía que resultase más especial que las demás, la única especial.

Por esa canción, volví a recordar la primera vez que la vi, con su pelo rojo y sus ojos verdes, la primera vez que oí su voz, delicada al pedirme disculpas cuando se chocó conmigo en medio del pasillo del instituto, el olor de aquel perfume que alguien le había regalado, la primera vez que la besé en aquella fiesta de fin de curso, con esa misma canción de fondo, con esos pasos de baile entrecortados por la timidez. La primera vez de toda nuestra historia.

Y como esos eslabones de una cadena que siempre aprieta más fuerte de lo que te gustaría, también tuve que recordar la última vez que nos vimos, la tarde más amarga que jamás creí que viviría.

“-Tengo que irme. A mi padre le trasladan a otro lugar y he de ir con él.
-¿No puedes quedarte?
-Soy lo único que le queda.
-Y tú eres lo único que tengo.”

Recordé sus amargas lágrimas mientras el pelo, mecido por el viento que llegaba a entrar de nuevo por la ventana, iba tapándole la cara. Recordé mis súplicas en vano, mis lamentables súplicas que de nada sirvieron. La decisión estaba tomada y con ello, sólo conseguimos sufrir más que con un simple adiós. Si yo le hubiese dicho “no te quiero tanto”. Si me hubiera convencido de ello… Pero era imposible.

Recordé cómo la besé como si no fuese a alejarse de mí, sino que realmente fuese a morirse ahí mismo, en mis brazos si yo no le daba mi oxígeno. Con nuestras lenguas cruzadas en un mudo deseo que ninguno de los dos se atrevió a decir, con aquellos sentimientos inevitables. Era todo lo que tenía en mi mente, en mi vida.

Recordé el suave contacto de su piel conforme la iba desnudando, en su silencio, en sus suspiros, admiré su cuerpo por primera y última vez, deseando que no se cumpliese lo que precisamente, terminó cumpliéndose. Recordé sus caricias sobre mi también desnuda piel, sus palabras de amor, cómo pronunciaba mi nombre una y otra vez y cómo sus ojos me llamaban amor, sus fieles promesas… Un amor eterno, incondicional, sincero. Infinito.

Recordé ese trágico día. El más feliz de mi vida y por el único que ahora mismo, desearía estar muerto. Haber quedado allí con ella para siempre, abrazados.

Aún cuando la canción terminó, aún cuando la fiesta finalizó, las imágenes seguían persiguiéndome, acosándome en la oscuridad o en la luz, indiferentes al terreno de las pesadillas, al de la realidad. Seguía recordando su nombre, su olor, sus brillantes ojos, su dulce voz, su forma de acariciarme, cómo me hizo sentir… un niño y un hombre al mismo tiempo.

Cuando por fin llegué a casa, mi esposa se encontraba esperándome, despierta, a pesar del sueño que tenía, a pesar de que yo le había dicho todo lo contrario, ella había permanecido despierta hasta ahora, con una gran sonrisa en los labios de ternura y cariño, sólo para acompañarme hasta la cama en la que los dos caeríamos rendidos antes de poder hacer nada, antes incluso, de poder intercambiar un beso o una palabra.

Al verme entrar por la puerta, me abrazó con cariño. La quería y era feliz con ella, junto a ella y junto a mis hijos: mi familia, pero… nunca, desde aquella tarde, desde aquel último día que ya quedaba demasiado lejos, me he dormido sin pensar en el rostro de la única mujer a la que le entregué mi corazón y a la única que amaré con todo mí ser.

Y siempre, en el sopor de la noche, el último recuerdo, es para ella. Cuando mi mente fatigada desea rendirse al sueño… es siempre ella.

“Adiós. Siempre te amaré.”

Y me despido de su rostro una noche más, sabiendo que la noche siguiente, volveremos a encontrarnos en lo que deben ser tan solo recuerdos.

martes, 24 de mayo de 2016

Para que nuestro espíritu baile hay que quitarle la vergüenza.

Lo estaba comentando hace tan solo un rato con uno de mis amigos.

Últimamente, me encuentro con una gran filosofía de "Akuna Matata", un claro "vive y deja vivir" y aunque todavía no me he puesto a devorar bichos, ¿quién sabe a dónde me llevará esto?

He aprendido que los que odian, seguirán odiando. Los idiotas, seguirán haciendo idioteces. Los malvados seguirán haciendo maldades. Da igual lo que intentes enseñarles y lo que intentes abrirles los ojos. Sus vidas seguirán siendo igual de miserables.

¿Por qué no hacer entonces exactamente lo que te apetece? Quien te aprecia, te seguirá queriendo, incluso más, una vez consiga verte feliz y liberado.

Últimamente, intento disfrutar y bailar, aunque haga mil veces el ridículo y todo el mundo me mire con cara de "se olvidó de tomar la pastilla, seguro", porque lo peor que puede pasar es que la gente que ya habla mal de mi, siga hablando mal de mi. ¿Y entonces qué más me da? Igual hay alguno por ahí que se anima a bailar la misma canción que yo.

He decidido hacer lo que me plazca, locuras como un niño; y así tendré algo que contar cuando sea vieja y mis nietos me pregunten, mientras los demás sólo pensarán en lo que podrían haber hecho mientras me ridiculizaban y criticaban.

Será que me siento como una estúpida muy feliz cuando bailo y hago el ridículo; y lo mejor de todo, es que hace tiempo que no me importa.

El día que me rinda y deje de hacer tonterías, como los niños, me habré convertido en esa gente a la que ya no quiero convencer de que su vida no vale si no tienen caprichos.

Y esta canción me lo recuerda siempre: el espíritu tiene que bailar.


martes, 23 de febrero de 2016

El rap y yo...

... lo cierto es que nunca hemos tenido una gran relación.

Igual es porque jamás me he dedicado a intentar conocerlo.

Sin embargo, gracias a una persona de mi pasado, sí que le he cogido mucho cariño al Chojin. No he ido nunca a uno de sus conciertos. Nunca me he comprado un disco... No soy una fan. Sin embargo, por lo que dice, por lo que cuenta, me parece un tipo formidable.

Llevo tiempo intentando escribirle algo. Dedicárselo y decirle lo bueno que es (a pesar de que a mi no me guste el rap). Supongo que ese tipo de críticas son de agradecer.

Luego pienso "¡Bah! Es famoso; se lo dirán mucho". Y me lo callo.

Hasta que vuelvo a oír alguna de sus letras.

Hoy, esa sensación la he retomado con una de sus canciones (como de costumbre no le he escrito nada, aunque se me haya ocurrido).

Esta canción se la dediqué hace tiempo a la misma persona que me "presentó" al Chojin. Creí que le ayudaría a salir de donde estaba, que se le curarían las heridas si lo escuchaba. Porque yo sólo podía pensar en él en esos momentos.

Hoy, sigo pensando en esa persona, igual que antes. Pero todo ha cambiado mucho (demasiado) y ahora no le veo a él reflejado en esas palabras. Soy yo. Un espejo de lo que antes fue él, que él superó y yo me estanqué.

Por eso me la dedico. La verdad. 

martes, 9 de febrero de 2016

Je veux

Creo que lo que más me gusta es la felicidad que ella le pone.
El gusto que consigue darle.

jueves, 8 de octubre de 2015

Porque siempre he sido de Dramas.



No tengo mucho más que decir.

Sólo que siempre me han parecido más reales estas historias que todas esas con perdices.

La vida no es justa. Eso no hace que sea menos perfecta.




Sólo sueño que alguien termine amándome
tanto como ellos dos se amaron.

miércoles, 4 de marzo de 2015

Guapa.

Puede que sea el mal reflejo de mi nueva explosiva vida. Puede que algún día despierte y me dé cuenta de la realidad que bajo mis pies se esconde.

Pero hoy no es ese día. Y por lo visto, de momento, parece quedar muy, pero que muy lejos. Y me alegro por ello.

Y mi belleza es posible que sea como los bostezos o las sonrisas, que se terminan pegando. Hoy ha sido especialmente alagador para mí. Que al sentirme guapa todo el mundo me vea igual, que deslumbre con mi seguridad, que ya no me importe quién me mire y quien no me mire, que me da igual lo que digan.

Hoy, he ido a comprar por la mañana con mi madre y me ha dicho "A ti hoy se te ha subido el guapo". Significado: estás bastante más guapa que otros días. Lo que pasa con las madres es que el piropo es más un "qué bien te hice" que una apreciación real y objetiva, ¿no?
Más tarde, he ido a mi antiguo colegio y se me ha acercado una niña, preguntando si era una profesora nueva. Le he contestado que no, que yo estudiaba ahí y que no soy nueva. En un gesto ya de medio irse, la niña me ha dicho "¡Ah! Vale. Es que eres muy guapa". No me ha dado tiempo a agradecérselo de lo rápido que ha corrido, pero me ha alegrado el día, porque la sinceridad de los niños es legendaria. Me ha hecho sonreír muchísimo.
Mas tarde, en el mismo lugar, ya casi cuando me iba, una de las profesoras que me llegó a dar clase me ha dado dos besos, me ha mirado y me ha dicho "Te veo muy guapa, guapísima, pero muy guapa". Así que esta es la definitiva en la que me lo he creído, porque a la tercera va la vencida.

Pero lo mejor de todo es que me siento guapa. Así que me voy a dedicar yo a mi misma esta canción. Porque me siento así hoy, y mañana, y pasado...

martes, 24 de febrero de 2015

Libertad.

Supongo que hay canciones que quieren llegar al alma.


Y al final lo hacen.

Aunque sea con un dolor profundo que no logra desaparecer.

lunes, 2 de febrero de 2015

Ignis Anima

Este fin de semana he tenido el placer de estar en un concierto en Madrid.

No os imaginéis que ha sido uno de estos grandes y enormes en los que la gente paga millonadas por ver de lejos y muy chiquititos a los componentes del grupo.

Era una sala, donde pagué 6€ por asistir.

Si os digo la verdad, no iba muy convencida de la calidad del grupo (sin esperar a que fuesen malos), pero he de confesar que el que llevasen "poco tiempo" sobre el escenario me hacía tener mis pequeñas dudas.

En este punto, quizás también es recomendable mencionar que soy fan de la música en general. Me gustan muchos estilos y no desmerezco casi ninguno (algún que otro estilo hace más daño a la música de lo que me gustaría).

Retomando: conozco personalmente a dos miembros del grupo de Ignis Anima y fue por ello por lo que no dudé en asistir (a pesar de tener que desplazarme a Madrid para ello, lo que aumentó considerablemente mis gastos del concierto).

Ese mismo día tocaba otro grupo, también de esos que acaban de empezar. Sonaban bastante decente y yo me esperaba una calidad similar del grupo de Ignis Anima (que no voy a mentir, de verdad). El concierto del primer grupo terminó una media hora de la hora prevista (si habéis asistido a conciertos sabréis que esto es totalmente normal y que incluso a veces el retraso en este mundo se lleva de más de una hora).

Sin embargo, cuando subieron Ignis ánima, el espectáculo comenzó de verdad (a pesar de lo que yo esperaba y para mi grato asombro). Con la presentación del grupo, comenzó un tremendo solo de batería que hizo que el público se viniese arriba. Impresionante cómo comenzaba a gritar la gente, incluso antes de saber cuál iba a ser la canción. Y el resto del espectáculo no desmereció esos aplausos iniciales, no, qué va.

La gente gritaba al terminar las canciones, cantaban no sólo los estribillos sino toda la canción. Se compenetraba el grupo a la perfección, incluyendo además solos de batería, de guitarra y de bajo (impresionantes todos). Y qué decir del cantante (uno de los miembros a los que conocía) que yo jamás me hubiese esperado eso.

Trasmiten tan a la perfección cada sentimiento de cada canción que te hacen sentirla aunque no quieras. Te hacen gritar aunque no te des cuenta y deseas aprender cada una de las palabras para poder cantar con ellos.

A sido uno de los conciertos que más he disfrutado: canciones propias y únicas, compuestas y tocadas por ellos mismos. Un enganche del público asombroso, que nos mantuvieron calientes y en movimiento durante cada una de las canciones que tocaron.

He de decir que ni el esfuerzo ni el dinero que me gasté fueron suficientes y que pienso repetir en cada ocasión que me avisen.



Y ésta es sólo una de las varias canciones que tocaron en el concierto.
De verdad que merece mucho la pena verles si el género Rock y Heavy te gustan.
Es un espectáculo digno de ver.