Mostrando entradas con la etiqueta Demasiado tarde para cambiar. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Demasiado tarde para cambiar. Mostrar todas las entradas

martes, 1 de octubre de 2019

Lugares

No se lo puede creer, otra vez en el mismo lugar. Y su cara, verdaderamente, puede describirse como de asombro.
En realidad, no es que sea un mal lugar; al revés. Es un lugar estupendo: un clima estable, sin muchas precipitaciones, teniendo suficientes cosas que hacer para no aburrirse un sábado por la tarde, conversaciones medianamente entretenidas y, en definitiva, todo lo que se puede pedir de un lugar. 
No, el problema no es del lugar. El problema, sin duda alguna, es ella.
El hastío profundo procede de ella; al igual que ese largo suspiro.
Pero... ¿qué le ha pasado? Hace algún tiempo estaba enamorada de aquel sitio, sin querer marcharse, sin querer moverse. Le fascinaba todo lo que sucedía y empezaba los días con tremenda emociónen en el cuerpo. ¿Qué ha pasado? En realidad, no tiene mucho sentido nada de esto. Ni siquiera tiene claro si ha sido de manera progresiva, amanecer tras amanecer, o por el contrario, ha sucedido de repente, en el transcurso de un segundo (y un click en su cabeza).
Eso, en definitiva, da igual; seamos sinceros. El resultado es el mismo: se ha cansado. Ya no le gusta vivir ahí. No le aporta nada.
De lo que sí, no hay duda, es que ahora se le plantea una nueva situación: ¿se va? ¿se queda?
Hay un refrán, que ella jamás entenderá, que dice algo así como "Más vale malo conocido que bueno por conocer". Si toma aquella estúpida frase como referencia, vale mucho más la pena quedarse en ese lugar que buscar uno nuevo, ante el temor de equivocarse. Está claro, está decidido. Puede respirar tranquila.
Pero... pero por otro lado... ¿y eso de levantarse todos los días hastiada de este lugar? ¿Terminar odiándolo en lugar de simplemente estar aburrida? ¿No es más difícil esa situación? ¿No es acaso más negativa?
Es duro pensar en que llegará un punto en el que ni siquiera será capaz de recordar su propio hogar, que todo lo que le había sido familiar y hermoso alguna vez, en lugar de recordarlo como ahora, con evocada tristeza y cierta nostalgia, lo reproduzca en su mente con ira.
Entonces, sin duda, mejor partir. Ahora sí, decidido. El petate hecho. Partir. ¿Pero a dónde? ¿Donde encontrará ese clima tan estable? ¿Dónde tendrá algo que hacer un sábado por la tarde al aburrirse? ¿Quén le dará conversación, que aunque típica o medianamente entretenida, al menos están aseguradas de falta de silencios incómodos? En definitiva, dónde va a poder encontrar un lugar tan fantástico.

Se levanta de la cama, un poco más despejada y reconociendo que su problema tiene diferentes dimensiones que abordar para considerarlo de forma adecuada. Se cepilla los dientes, se lava la cara, se peina y echa un vistazo al espejo.
Ella tampoco es la misma chica que llegó por primera vez a ese lugar. Y tampoco sabría decir qué es lo que ha cambiado exactamente en ella, ni si ha sido día tras día o de repente, en un segundo. Quizás, en realidad, el único problema que hay es ese: ella ya no es ella y por tanto, ese lugar no es el suyo.
Sale a dar una vuelta, sólo para despejarse. No encuentra respuesta, pero decide quedarse un día más. Quizás el lugar vuelva a enamorarla, o quizás ella cambie de nuevo y el lugar vuelva a ser para ella o cambie tanto, que ella ya no tenga lugar y deba marcharse a encontrar el suyo.

Pero eso se decide mañana.

viernes, 10 de marzo de 2017

Criadora de cuervos.

"Los oigo picotear en mi cabeza". No están dentro, no se acercan; aún no. Pero observan, expectantes, a que el mundo se acerque y finalmente me aplaste.

En la forja de un destino, da igual de quién, o si se lo robas, o si te lo da, porque en el momento en el que es tuyo, tuyo es. Y ya no habrá forma de deshacerlo, porque la gente en realidad, nunca cambia, que no te engañen.

Y qué si yo uso las metáforas para explicar lo que me sucede, aterra y emociona. No será por placer, ni por casualidad. ¿Quén sabe por qué? El enigma de que nadie me interprete del todo y que yo siga siendo lo que quieren ver de mí, antes de que mis cuervos me picoteen los ojos, que ya los oigo asomar por la ventana, levantando las persianas como bien pueden.

En el pecho una angustia, que me oprime, que me atrapa y me roba el aire de los pulmones, o de donde quiera que una persona como yo lo guarde. Y no es por la falta de sueño, aunque lo que provoque sí sea falta de sueño.

Que si no se me entiende, no es porque no quiera, sino porque no me atrevo. Porque los cuervos ya han salido de casa y sobrevuelan mi cabeza, esperando a que caiga perdida por la falta de espíritu, por el miedo a ser vencida, por el temor a ser picoteada. Y por eso mismo me picotearán, porque el miedo es lo que vuelve en la vida para destruirnos y no dejarnos vivir.

Sabiendo que así acabaré, porque de profesión elegí criar cuervos, lo que me queda, en exclusividad, es la compañía de cualquiera de ellos, el que más se afane en acabar conmigo, el que más puntería tendrá a la hora de darme muerte con su pico.

Será ese cuervo el que me mate y le recibiré con una sonrisa; porque al final y al cabo, lo que tanto tememos en la vida, tanto que nos mata, en la muerte no hace más que alegrarnos. Aparecerá y llevaré toda la vida viviendo con el miedo a que aparezca, para darme cuenta de que vivir con miedo no tiene sentido.

Porque hay que saber, de antes de meterte a mi profesión, que si crías cuervos, ellos mismos te sacarán los ojos. Y no podré otra que sonreír al cuervo que por fin, acabe conmigo.

miércoles, 28 de septiembre de 2016

Mi Bibliotecario.

Hoy en Desarrollo Cognitivo (asignatura que doy en mi Grado Superior de Educación Infantil), nos han hablado de la memoria, del aprendizaje, etc.

Nos han peusto un símil que más de una vez he oído (porque la verdad, merece ser una gran metáfora en este caso), en el que la memoria, es como una gran biblioteca, donde dentro, hay un bibliotecario (o bibliotecaria) que va abriendo los cajones de los archivadores que necesitamos, sacar las carpetas relacionadas con el tema y, por supuesto, tendrenos sobre la mea la ficha que necesitamos para esoe momento.

Obviamente, nuestro bibliotecario tiene que encargarse a veces de sacar varias fichas, porque se correlacionan unos temas con otros.

Sin embargo, la diferencia entre otras veces y esta, ha sido un comentario (puramente inocente) que la profesora ha hecho. Ha venido a ser algo así como "Mi bibliotecaria (oprque la mía es chica), que por supuesto está loca..." y ha seguido la clase.

Entonces, loca yo de mi, me he parado a pensar ¿cómo sería mi bibliotecario? La pregunta ha durado poco en mi cabeza, y ha procedido con otro símil.

Creo sin duda alguna de que mi bibliotecario sería un hombre mayor, lento a la hora de tener que llegar a las carptesas que necestio, pero que sin embargo, le encanta contar mil historias que ha vivido o podría haber vivido si en su vida hubiera tenido un poco más de valor. Mientras caminase hacia el archivador, iría contando algo relacionado (o quizás no) con la información que le he pedido, a modo de presentación del tema; a veces sonriendo, a veces serio.

Sí, definitivamente, mi bibliotecario sería un viejo, con bastón y un poco vago a la hora de acceder a las carpetas situadas en lo más alto de las estanterías; cara arrugada y manos callosas, como si trabajar en mi cabeza hubiera sido el trabajo más duro que jamás se hubiera inventado (quizás por el desorden); de aspecto relajado y sin embargo muy atento a todo, aunque después no recordase donde ha dejado la carpeta.

Se quejaría del ruido, pero sin duda, le molestaría más el silencio que se pudiese llegar a formar, porque en realidad, le encanta contar historias de lo que fue y lo que pudo haber sido.

martes, 20 de septiembre de 2016

Recuerdos (de 2010)

Comentario previo de la Señora Ex-Carmen(A)tada.

He intentado no retocar esta en concreto demasiado (en realidad creo que sólo he cambiado una coma por un punto y coma y ya no recuerdo muy bien donde).

En realidad me gusta mucho pensar que he evolucionado bastante en los años que llevo escribiendo y que ahora soy mucho mejor que esto que a continuación vais a leer. Pero quién sabe. De todas formas estos son mis inicios y no hay nada como el principio para comenzar a ser algo, ¿no?

En realidad tengo totalmente en mente la persona por la que iba esto. De hecho, en mi vida sólo me han "abandonado" dos veces sin causa aparente, con un "porque sí". En las dos ocasiones me ha dejado con el corazón partido y aunque hoy ya no echo de menos a esas personas (es más, aun a pesar de que no les deseo ningún mal, me da exactamente igual si son felices como si no), siempre tendré la espina clavada de no saber por qué se fueron.

Ahora sí, espero que no me vuelva a pasar y que la causa de la ruptura sea clara, se pueda arreglar o no.

Recuerdos.


Recuerda que en otro tiempo fui parte de tu vida, como un nuevo aliento en los pulmones, como el latido de un corazón, como la copa de un sediento.

Recuerda que imcluso entre risas y lágrimas, nos sentíamos unidas, sin importar miradas ajenas. Vivíamos felices en el mundo que habíamos construído para ambas.

Recuerda aquellos tiempos hermosos en los que nada parecía dañarnos, los tiempos en los que ésto era inmortal, insaciable por mantenernos vivas, por seguir al frente, por ser la mano la una de la otra.

Recuerda lo que fuimos y ya nunca seremos. Ya nunca. Nunca. Un lazo de sangre roto. Un abrazo guardado en el pecho. Un eslabón suelto de aquella cadena que nos unía.

Tan solo un recuerdo de aquellos tiempos.
Tan solo una excusa en la que consumirnos, intranquilas.
Una esperanza muerta en el medio del camino. La luz de una estrella que ya nunca brillará. Recuerdos.

Recuerda que abrazos y caricias nos consolaban cuando las palabras no podían brotar de nuestras gargantas. Recuerda todo aquello que una simple mirada nos decía. Un lenguaje oculto. Nuestro pequeño secreto. 

Recuerda todas aquellas llamadas en la noche, el tono de un teléfono sonando en la oscuridad en la búsqueda de un conshelo que sería respondido. La seguridad de ser escuchada.

Recuerda aquella mano tendida sobre el frío vacío para ayudarnos a levantar las rodillas del suelo, incluso antes de caer, como un imán que nos sostiene. Aquella sonrisa en el rostro, cargado de nuevas oportunidades, dando nuevas fuerzas. Un nuevo aliento.

Recuerda lo que fuimos y ya nunca seremos. Nunca más. Nunca. Una piedra olvidada en el camino que un día perteneció a un imperio; un jarrón hecho pedazos, esparcidos ahora por el suelo, sin que nadie se moleste especialmente en recogerlos.

Tan sólo queda ya un recuerdo de aquellos tiempos.
Tan sólo una excusa en la que consumirnos, intranquilas.
Una esperanza muerta en medio del camino. El rastro de un barco, una estela que no tardará en desaparecer. Recuerdos.

Y aún recuerdo en noches sin estrellas, como esta. Simplemente, me dejo llevar y recuerdo que un día fui tu hermana, que un día te amé y tú me correspondiste con susurros dulces, en tus abrazos cálidos, en tus miradas protectoras, en tus palabras de consuelo.

Recuerdo que un día me quisite, pero hoy ya es tan sólo un recuerdo. Tan sólo, un recuerdo. Nada queda ya de aquel momento por más que me esfuerce en buscar... sono encuentro recuerdos.

martes, 16 de agosto de 2016

El mayor error de tu vida (de 2010)

Comentario previo de la señora Ex-Carmen(A)tada.

Diré que ha sido modificada (bastante) para adaptarla a los días que corren.

Una vez más, me sorprende lo que se puede repetir el pasado.

Y me doy cuenta de lo inocente que era entonces, cuando unos sentimientos se olvidaban en dos meses.

El mayor error de tu vida.

Cuando parece que ya no estás.

Cuando parece que ya no duele.

Cuando parece que ya todo ha vuelto a la normalidad y que ya puedo mirar a las estrellas sin llorar, apareces, de nuevo. Porque te busco. Porque intentas recordarme.

Vueles a irrumpir inevitablemente, sin llamar a la puerta, pidiendo disculpas por el ruido. Y lo peor de todo es que lo estaba esperando. Lo peor de todo, es que lo deseaba todos los días, deseaba algo así. Una carta, una palabra... "Te quiero guapa; no te mereces esto".

Pero debo elegir. Y no puedo, mi amor. No puedo elegirte a ti porque no estás tan cerca de mí como él (porque ni siquiera estás), ni puedo elegirle a él, porque simplemente, él no es tú, porque no es al que amo realmente (porque él lo sabe y me aleja).

Pero él me quiere, mi amor. Me quiere a su modo. Se arrepiente y le duele. O eso me esfuerzo en creer, en mi mundo de fantasía (que siempre fue más cómodo que la realidad). Y tu también ¿no, mi amor? Al menos hace algún tiempo lo juraste. Hace lo que parece siglos. Y yo te quiero tanto...

¿Dejo que pase el tiempo y que si, maldito de él, no me hace olvidar que al menos ya no duela? Que respirar no sea ese puñal en el pecho. Pero mi amor, es tan difícil mirar a las estrellas sin recordarte... es tan difícil pasar una noche sin pensar en ti... y me gustaba mirar las estrellas.

¿Estaría mal, mi amor, intentar enamorarme de él? Perderme como me perdí contigo, aunque luego me dé la espalda, aunque luego finja que no me conoce, aunque luego no le importe herirme por miedo a no ser herido primero

¿Estaría mal olvidarte siendo que me quieres o que quizás un día me quisiste? Que tantas promesas se olviden, sin una justificación razonable: sólo orgullo.

¿Para quién es más injusta la vida si yo permanezco dividida en dos, mi amor? ¿Quién de nosotros tres se aprovecharía más? ¿Quién de los tres sufriría más en silencio?

No puedo mantenerme en una ilusión, no puedo permanecer esperando hasta que llegue el día en el que nos encontremos, en el que podamos cumplir nuestro sueño, o el que un día fue el nuestro. No puedo permanecer en una ilusión ¿Pero debo hacerlo, mi amor? ¿Por mi? ¿Por ti? ¿Por él? ¿A quién traicionaría más profundamente si tu y yo nos juramos amor eterno?

No puedo continuar besando unos labios a los que no amo tanto como los tuyos; Pero son la mejor medicina que encontré para contrarrestar mi soledad. Y con mal uso, cualquier medicina se convierte en droga. Lo sabes, ¿no, mi amor? Los momentos de descanso son los que él me abraza.

Estaba convencida de que con esto no hacía daño a nadie. Después de todo, solo tu me querías. Él se encontraba en la misma situación que yo. Y posiblemente siga en esa situación y yo sólo esté teniendo fantasías, delirios. Pero con el amor no se juega, y una vez más, he llegado tarde para darme cuenta. La niña que nunca aprende.

¿Cómo voy a seguir con esta farsa tan bien elaborada? Si todavía hay fuegos encendidos en mi pecho por tu mano, con lo que podría forjar cualquier metal; cuando él sólo es la brisa que lo templa. ¿Dónde queda el trabajo mejor realizado? Como si lo uno sin lo otro fuese un trabajo concluso.

¿Debo seguir con él, mi amor? ¿Qué me dices? Es cierto que le quiero, que me despierta ese palpitar que juré enterrar para siempre. Y quiero que así se quede aunque me duela estar descorazonada. En cierto modo, es el único que me hace olvidarte. Y como buena medicina, se está convirtiendo en mi droga y en mi sustento. ¿Qué pasa si esta vez puede de nuevo el orgullo?

¿No es cruel, mi amor?

¿No es injusto, mi amor?

¿Qué tengo yo, una simple mujer sin terminar de construir para que dos seres tan maravillosos se fijen en mi? Aunque uno ya me haya olvidado, mi amor, y el otro se esfuerce en hacer que no me conoce. Pero no solo os habéis fijado, mi amor, habéis cometido el mayor error de vuestra vida. Os habéis enamorado (o un día así lo juraste) de alguien que jamás podrá ser perfecta. De promesas vacías que ahora quedan guardados al fondo de un cajón de ropa que nunca me pongo. De recuerdos pasados que jamás se recuperarán, porque en su día cerré el candado y eché la llave al mar. De pesadillas que me perseguirán, atormentándome eternamente por el error que repararía.

Y sin embargo, sólo él hace que mi sueño guarde una respiración tranquila. Respiración que tú me robaste.

¡Oh! mi amor, mi amor, cuanto me gustaría abrazarte, besarte, cuanto me gustaría poder tocarte, mi amor, susurrarte al oído todas aquellas promesas, recuperar lo que un día fue nuestra vida. Y sé que no puedo. Lo peor de todo, es que sé que no puedo. Porque ya no estás, porque te empujé lejos y decidiste dar media vuelta.

¿Por qué habréis cometido semejante error? Encender un corazón que nació roto ¿Por qué decidiste caer, mi amor? Si luego tenías pensado abandonarme ¿Qué tengo yo que pueda hacerte tiritar aún cuando hace calor?

Has cometido el mayor error de tu vida, mi amor. Dar vida a algo que no puedes matar. Dejarme moribunda para siempre.

miércoles, 29 de junio de 2016

Indecisa (de 2009).

Comentario previo de la Señor Ex-Carmen(A)tada.


Para empezar, se nota que es de esos años porque todavía el WhatsApp a nuestras vidas.

También se nota por la forma de escribir (espero) que yo noto mucho menos pulida, más simple o con menos giro. No sabría cómo decirlo.

No recuerdo a quién iba este texto dedicado (o incluso si se lo llegué a dedicar a alguien), pero me resulta curioso (a la par que alarmante) el eterno bucle que es mi vida. ¿En serio? ¿Después de tantos años te ves una y otra vez en la misma situación, Señora Ex-Carmen(A)tada? ¿En serio?

Sigo en la misma encrucijada: ¿hasta dónde estoy dispuesta a llegar? Esta vez... ¿agacharé la cabeza o romperé con todo lo que tendría que ser para mi?

Indecisa.


Y verdaderamente, no sé qué hacer.

Hoy hablamos por msn, otra vez, como tantos otros días. Me encanta hablar contigo, después de todo, me escuchas y me das consejos, me animas y apoyas. En poco tiempo, te has convertido en más que un amigo.

Pero eso ha sido hoy.

Ahora, tumbada en la cama, recapacito sobre todo lo que me has dicho; pero no consigo saber, aún a estas alturas, si es cierto o es tan solo parte de un juego en el que yo no me he leído las normas.

Mañana, sé que cuando te vea por los pasillos del instituto, volveré a derretirme cuando me sonrías, o cuando alces la mano tímidamente para saludarme desde lo lejos.

También sé lo que haré yo. Me dedicaré a agachar la cabeza, o a apartarla de tu mirada, porque me da miedo el no tenerte. Porque... sí, me enteré de que tenías novia, y ahora, después de preguntarte, sé cuánto la quieres.

¿Qué voy a hacer yo? Engancharme a tu mirada, a tu sonrisa o a tu voz, como si de una droga se tratase, para que luego, me digas que no puedo tomar de ella. Esa historia ya me la contaron. Y la desintoxicación es horrible.

Lo sé. Siempre hago eso. Es el masoquismo que hay en mi interior, que me incita a soñar con cosas que están prohibidas, fuera de mi alcance, que nunca serán mías. Cosas difíciles de obtener que jamás saborearé.

Pero bueno, sé que hoy me costará dormir, porque mañana tengo que decidirme entre decirte hola o agachar la cabeza como hago siempre.

Estoy harta de llegar siempre en segundo lugar.

Pero sigo teniendo miedo al rechazo.

lunes, 11 de abril de 2016

Otro más para mi lista (de 2009)

Comentario Previo de la Señora Ex-Carmen(A)tada

Es curioso.
Algunas veces, cuando leo cosas que escribí hace unos cuantos años, siento que podría haberlo hecho mejor, pero a la hora de corregir las historias, no puedo cambiarlas, porque son lo que era entonces.
Ahora mismo le añadiría mil dimensiones distintas.
Posiblemente terminaría siendo un texto distinto.
Pero ¿por qué cambiarlo? Yo era así después de todo.

También me resulta muy curioso ver cómo, en estos 6 años apenas he cambiado. Me he vuelto más lista, sí, pero digamos que ahora simplemente sé cubrir mi rastro.
Esta es una de las pocas historias que he escrito 100% tal cual sucedieron (o tal cual las percibió mi cabeza). Sin giros dramáticos ni vueltas de hoja (puede que un poco, pero yo soy tremendamente así). Recuerdo realmente con exactitud la noche y aunque ahora lo veo desde otro prisma (pues sé que ese chico no era mi mejor amigo, y ahora habría sabido que la tal Sarita era sólo una excusa para hablar conmigo), sigue siendo una noche agria porque si no hubieran sucedido las cosas como sucedieron, igual mi vida hubiera sido muy distinta.

Demos gracias a que sigo siendo la misma, sólo que un poco más lista. Mis años me costó.

Otro más para mi lista.


Siempre arruino lo que empieza bien. Soy experta a la hora de meterme en líos y, normalmente, no sé cómo conseguir que se arreglen sin ayuda de nadie. Soy así de estúpida.

Si existiese algo peor que aborrecerse a uno mismo... yo, seguiría siendo infinitamente peor. Supongo que odiarme es un pequeño precio que he de pagar a cambio de los que tendrían que hacerlo y si embargo, siguen ahí.

Recuerdo perfectamente el día. Sábado. Maldigo el momento en el que le miré a los ojos y no supe decir que no. No sé por que´lo hice. Sé que no fue por mi... Nunca he necesitado lo que él venía a darme (o quizás sí). No era como para fastidiar una amistad. Y en mi cabeza resonaba que apenas unos meses había vivido una situación parecida con un final dramático.

Sé que tampoco lo hice por amor al arte. Y puedo asegurar que de que todo lo que me movió a hacerlo no fue la pena, aunque fuese eso lo que me empujase en una gran medida. Suena mal, ¿no?

Pero entonces, si analizándolo no encuentro el motivo... ¿por qué lo hice? Quizás es un instinto secreto que tengo de curar los traumas de mi niñez, de ahogar en la saliva de otros la imagen de patito feo que otros construyeron por mí y que aún hoy me persigue en mis sueños más aterradores.

Sus ojos marrones, haciéndome ver que tenía el alma en los pies, sin ninguna esperanza, sin mostrarme esa magnífica sonrisa tan característica de su rostro y a la que yo me había acostumbrado, esa sonrisa contagiosa que me hacia sentir segura. Se puede decir que oí su corazón, desbocado a mil por hora...

¿Qué hacer entonces? ¿Qué podía hacer? Recuerdo que mi cabeza no terminaba de entender la pregunta. No acertaba a comprender lo que estaba ocurriendo y de algún modo, sabía con seguridad lo que iba a ocurrir, aunque tratase de engañarme a mí misma diciéndome que ésta vez sería distinto.

-Pero si a ti te gustaba Sarita... - fue lo último que dije antes de volver a abrir los ojos, para ver cómo él cerraba los suyos perdiendo toda esperanza, para volver a cerrarlos y unir mis labios con los suyos.

No duró mucho. No fue muy largo. Sólo un beso. Un simple beso. Pero me dolió en el alma. Verdaderamente, me dolió en el alma.

-Te odio, te odio, te odio... - no hacía más que repetirle.

Ver cómo a base de engaños, de encontrar lo que yo quería de él, su amistad, cómo había conseguido darle la vuelta, para tenerme tan cerca que cuando él me preguntase, yo no pudiera hacer otra cosa más que rendirme sin luchar, porque de algún modo le quería.

Me había utilizado, arrastrado a hacer algo que yo esperaba que no pasase... que no sucediera con él, como había pasado tantas veces antes con tantos otros. Su intención nunca había sido la amistad. Nunca había pretendido que fuésemos amigos y ahora lo veía claro.

-Te odio, te odio, te odio... - continué diciéndole, susurrando en su oído, con la esperanza de que nadie más nos viera.

Él solamente puso su dedo en mi boca, exigiendo así que me callase, porque no quería oír todo lo que tenía que decirle. Aunque mi elocuencia no fuera fluida, supongo que aquellas palabras le dolerían igual, pues venían de un corazón roto.

Cuando estuvo seguro, lo retiró y acercándose lentamente a mi, como si temiese que hubiéramos dado un paso atrás, volvió a besarme.

Ya lo había vuelto a hacer. El daño que estaba hecho, ahora se agravaba.

-A ti te gustaba Sarita... - pude decir cuando volvió a alejarse de mí, sin haber recuperado de la cabeza todas las palabras que tenía que decirle.

Y no pude hacer otra cosa que hundir mi cara en su pecho, muerta de miedo y vergüenza por haber caído otra vez en la misma historia de siempre.

jueves, 3 de marzo de 2016

El día en que me fallen las piernas.

Ese día habrá llegado mi muerte.
¿Exagerada?
Seguro que algunos consideran esta afirmación como algo que se escapa a la razón, pero estoy convencida, de que el día que deje de caminar, todo mi mundo habrá llegado a su fin.
El automatismos de mis piernas ya no podrá seguir por ninguna causa, pues es la última orden que dio un corazón que hoy yace muerto.
La evidencia de ese palpito que se apaga, que ya no ha podido volver a latir con fuerza, queda sólo patente en una orden "Sigue andando".
Cuando ese impulso llegue a su fin, todo habrá terminado.
Y nada mantendrá con vida a este cuerpo muerto.

jueves, 28 de enero de 2016

... Capricornios...

Primero de todo, qué decir: dar una explicación.

No soy una persona que considere que haber nacido en un mes determinado te proporcione una personalidad (hablo del signo del zodiaco). No digo que no influya (todo eso de las lunas y la posición de los planetas..), pues hay muchas cosas que no comprendemos y se nos escapan.

Pero llamadme ilusa: me gusta pensar que tenemos opciones y un destino medianamente abierto.

Sin embargo, del mismo modo que estoy segura de que haber nacido en enero no me convierte en "bla, bla, bla, bla!, no puedo dejar de leer cosas de esas. En parte para ver si acierta y para ver si fallan. Como una especie de "apuesta".

Hoy ha tocado sobre "La persona que necesitas como pareja según tu signo del zodiaco". Y el resultado ha sido este:

Capricornio:Si te digo que lo que necesitas es más amor, quizás piensas que eso no es para ti, que tu eres duro como una piedra, que el amor es un cuento chino, que ya después de todo ni siquiera te fías. Pero sí Capri, lo que necesitas es amor, pero no un amor cualquiera, si no un amor idílico, casi poético. Una persona que sepa arrancarte caricias y abrazos, y besos, que dialogue contigo y comparta sus experiencias pero que en medio de la conversación te acaricie la mano o la mejilla, que ablande tu corazón, ese que a veces parece frío como el hielo, ese que en el fondo, sólo desea entendimiento y cariño. Necesitas a esa persona que comprenda que cuando estás más serio de lo normal es que algo te preocupa, y que no tengas tú que decírselo o defenderte cuando te acusan de volverte hermético. Que te agarre de la mano y te diga: “Vamos a solucionarlo juntos, estoy y estaré contigo siempre”. Y a ti con eso te basta, porque tú no necesitas tener de alguien cosas más o menos cosas materiales, ya estás tu para conseguir lo que quieras, tú sólo necesitas ese amor incondicional, que alguien te de toda la confianza para poder mostrar todo de ti y por fin, sentirte libre.
Ya he dicho que generalmente no estoy de acuerdo.

Nunca he necesitado que se batan en duelo por mí, que hagan grandes proezas o que maten a un dragón. Ni siquiera he necesitado nunca que me defendiesen. Soy dura de pelar y las pasteladas no me gustan.

Pero sí necesito que alguien esté ahí. Que no me diga nada. No necesito palabras (para aportar palabras ya estoy yo). Que me diga las cosas que quiere decirme. Que cuando le pida algo me lo dé, sin plantearse nada más. Alguien que esté ahí siempre. No para hacer mi vida, sino por si acaso. Un punto de referencia.

Con el tiempo he aprendido que apoyarse demasiado en alguien puede ser malo. Ya no me apoyo en la gente para salir adelante. Pero me gustaría tener a alguien a quien no le importe ir de la mano.

domingo, 2 de agosto de 2015

Hay cosas...

... que duelen en el alma.


Sin saber si algún día dejarán de ser aquello que poco a poco te desgasta y te vuelve menos persona.

martes, 28 de julio de 2015

Quiero besarte (de 2008)

Comentario previo de la Señora Ex-Carmen(A)tada:

¿Qué voy a decir de ésto? Era una chiquilla, que todavía no sabía lo que significaba el amor más que por lo que había visto en las películas, oído en las canciones o leído en los libros.

Sin embargo, ya se advierte ese derrotismo que he tenido siempre con los hombres ¿no? Me gusta enamorarme de quien no me presta atención y sin embargo, soy totalmente indiferente con quienes se esfuerzan por querer entrar en mi vida.

Recuerdo que ésta carta iba para un chico en especial que me trajo loca durante un par de años (en mi secundaria). También creo recordar, que intenté dejársela en el pupitre (sin firmar, por supuesto) para ver si él se aventuraba a investigar quién era yo y decidía dar ese pequeño paso que faltaba.

Pero como siempre, me faltó el valor.

Así que en lugar de intentarlo, se lo entregué a mi profesora de "Lenguaje y Literatura" que quedó (al parecer) "maravillada" de que pudiera llegar a escribir eso alguien como yo (al parecer) tan "inexpresiva".

Obviamente, superé esa fase (con ese chico). Pero claramente, mi trastorno obsesivo sigue ahí. Puede que sea un problema o que sólo sea cabezonería aragonesa.

Hoy, igual que entonces, me encuentro en una situación bastante parecida y que a la vez no tiene nada que ver, pero leer ésto, me hace pensar que igual que me pasó a mis tiernos 15 años, también hoy me puede pasar lo mismo y sacar un hermoso relato de todo aquello.

Porque como dice un amigo mío "Mejor haber amado y haber perdido, que jamás haber amado":

Quiero besarte.


Hola.

Bueno, si estás leyendo ésto, claramente es porque no me atrevo a decírtelo a la cara. Me conoces desde hace tanto tiempo... Seguro que no te extraña que no pueda decírtelo, pero ya sabes: la vida es dura y a mí me ha tocado vivirla así.

Sólo quería decirte que cada vez que te veo, siento cómo se me para el corazón; que cada vez que te miro a los ojos, es como si dejase de ser yo; que cada vez que estoy junto a ti, recuerdo todas las cosas que he soñado hacerte, y, que, sin embargo, no me atrevería a realizar ahora que me encuentro a tu lado.

Si tú supieras la cantidad de veces que he forjado planes antes de irme a dormir..., la cantidad de veces en las que he soñado conversaciones que llevábamos a cabo, sólo para besarte (para darte un sólo beso)..., la cantidad de veces que he pensado. Pero siempre he terminado rindiéndome.

Llevamos prácticamente toda la vida juntos, y sin embargo, nunca te has fijado en mi, ni como una chica atractiva y guapa, como la que me gustaría ser, ni como tu mejor amiga. Y por el contrario, yo no puedo más que pensar en ti, en tus sonrisas, en tus bromas, en tus labios, en cómo me besarías con ellos...

Puede que sea sólo una obsesión, pero es que me encantaría saber cómo besas. Quizás sea una tontería. Si eres tan apasionado como me imagino a veces, o serás tierno y cuidadoso, sobreprotegiendo algo que realmente quieres y anhelabas.

Puede que tú seas mi manzana prohibida, esa que deseas morder pero que en cuanto la pruebas... ya no es tan suculenta como te la habías imaginado y acabas siendo expulsado del paraíso. Puede que seas mi manzana prohibida.

Puede que ni siquiera se cumpla ninguno de mis planes para hacer que me beses.

Puede que simplemente, siga siendo alguien sin importancia en tu vida. Prescindible.

Puede...

Pero aún así, no consigo alejarme de ti. Porque, sencillamente, cada vez que te miro, es como si una parte de mi muriese al comprobar (una vez más) que soy demasiado cobarde como para decirte nada; que no soy lo demasiado como para que te fijes en mí; que no soy lo suficiente valiente como para llevar a cabo cualquiera de mis planes forjados con anterioridad para robarte un beso.

Aunque eso sí, yo seguiré obsesionándome. Y aunque suene a loca maníaca, seguirás siendo mi fruto prohibido. Quizás porque nunca me atreveré a probarlo. Quizás porque nunca se me dará la opción de hacerlo.

viernes, 10 de julio de 2015

Yo.

Por cuestiones de la vida (supongo) yo siempre he sido como yo. Qué cosas.

Supongo que todo ha influido un poco. La educación que mis padres me dieron seguro que ha tenido algo que ver (aunque ni yo, ni mi hermano hayamos salido iguales tras haber sido educados por las mismas palabras y mismos actos).

La sociedad en la que he nacido: la educación que he recibido, el "bien" y el "mal" que me han enseñado, las experiencias que he ido viviendo... En definitiva, lo que me diferencia de mi hermano y ha hecho que a pesar de haber sido criados en el mismo techo hayamos salido distintos.

Creo que en conjunto, soy esas tres cosas. Soy lo que he nacido, lo que me han enseñado y lo que he aprendido.

También creo que no se puede luchar en exceso contra eso. Siempre puedes cambiar algo que no te gusta de ti, madurar. Pero la esencia es lo que somos.

Y yo, lo que nunca he sido, precisamente es eso: una niña. Nunca he tenido esa capacidad de hacer locuras. Nunca he sido incapaz de dejar pensar que mis consecuencias tienen actos. Siempre he sido muy consciente de ello, de que en el mundo hay más que yo. Y eso me ha hecho querer controlarlo todo.

Quizás hubo una época en lo que lo fui. Y eso terminó de destrozarme. 

Y ahora me hallo reprimida.

Porque yo soy esas tres cosas: lo que he nacido, lo que me han enseñado y lo que he aprendido.

Y contra eso, no se puede luchar.

miércoles, 29 de abril de 2015

Miedo al Fracaso.

No sé si alguna vez he escrito acerca de ésto. Posiblemente sí. ¿Qué más da una vez más?

Siempre me he dedicado a dar unos consejos buenísimos y alucinantes a los demás (qué le vamos a hacer, nací con esa capacidad). Sin embargo, soy completamente incapaz de seguir uno solo de ellos (tanto de los que doy como de los que me dan). Quizás es que nunca haya sido demasiado buena obedeciendo.

Hoy, sin embargo, en mi monótono día de esguince (llevo ya una semana con él y quiero morirme del aburrimiento), en mi revisión por una de las redes sociales más populares del momento (FaceBook, por si las dudas), he llevado a cabo uno de mis nuevos pasatiempos adquiridos: realizar un test.

Titulaba algo así: "¿Qué frase define tu vida?".

¡Recórcholis! He invertido tanto tiempo haciendo test mucho más estúpidos. Éste parecía interesante, así que... ¿por qué no? Si salía una buena frase igual podía tatuármela.

Enfrascada en intentar contestar las preguntas de la forma más sincera y completa posible, he ido seleccionando cada una de las respuestas (odio los test,  porque nunca llegan a dar una visión completa de lo que quieres decir, pero supongo que será parte del encanto). No recuerdo cuántas preguntas han sido (y si digo la verdad, tampoco muy bien de qué iban), pero al fin, lo he terminado.

¿Se puede decir que se me ha roto el corazón al ver el resultado de la frase que resume mi vida?

“Te limitas por paredes que solo tú construyes”

Dicen que las verdades son las que duelen. Y vaya si tienen razón. Siempre he sido muy segura de mí misma. Siempre he tenido claras las cosas: lo que se debe y lo que no se debe hacer; las buenas y las malas personas; lo moral; lo justo; etc.

Sin embargo, los cambios siempre me han supuesto un terrible sufrimiento. Terrible, terrible. Creo que los odio, porque nunca tengo controlada la situación y porque no sé lo que me voy a encontrar. Sufro. Soy una persona muy estable y cuadriculada (lo reconozco) y todo lo que sea lanzarme a la aventura me supone un dolor de cabeza que difícilmente puedo controlar.

Uno de mis grandes sueños de siempre, ha sido ser una escritora famosa (una gran novelista, para ser exactos). He tenido la intención de presentarme a miles de concursos desde que sé que ese es mi sueño. He realizado miles de obras basadas en unas bases para poder hacerlo, a pesar de que el tema no fuese fuente de mi inspiración. Pero a la hora de la verdad, soy la primera que se acurruca en una esquina esperando a que todo pase lo más rápido posible, esperando que nadie me encuentre allí en ese estado tan patético de mi vida.

Me aterra el fracaso. Me aterra que me digan que no estoy hecha para lo único que deseo estar hecha (bueno, hay unas cuantas cosas más en mi vida que me gustaría ver cumplir, pero ya me entendéis). En el fondo, tengo un miedo atroz a que me digan que no. Por eso, la mayoría de las veces me rindo, fingiendo que ya surgirá otra oportunidad.

Es un gran defecto que tengo. No estoy orgullosa de él.

martes, 24 de marzo de 2015

Puro reflejo Social.

-Oye...
-¿Qué quieres ahora? Mira que llegas a ser cargante.
-¿Qué crees que es más grave? la ignorancia o la indiferencia.
-Mira que haces preguntas raras. Ni lo sé, ni me importa.


A dónde vamos a ir a parar.

martes, 10 de marzo de 2015

Todo el mundo se pregunta:

-¿Qué planeta vamos a dejar a nuestros hijos?

Cuando la pregunta, más bien, debería ser:

-¿Qué hijos le vamos a dejar a éste planeta?




Así nos va todo.

jueves, 26 de febrero de 2015

Pelirrojo.

Dicen que el pelo significa mucho en una mujer.

Puede que tengan razón o puede que no.

Muchas veces, el estilismo es lo que llevamos fuera de lo que sentimos dentro (claro está, siempre y cuando basándonos en nuestros propios patrones, digo yo).

Bien. Yo en un momento determinado de mi vida, decidí teñirme de pelirroja (por allá 4 de la E.S.O., aproximadamente). No lo puedo contar como uno de los mayores errores de mi vida, pero sí lo cuento como un error.

No es que no me gustase el color, incluso más que el mío propio (por algo me teñía), sino más bien, lo que en ello derivó.

Por suerte o por desgracia todo ha de decirse, tengo el pelo muy fino (muy, muy fino), eso significa que año, tras año, tras tinte, tras tinte, mi pelo se estropeó demasiado. Añadiendo a eso, que nunca he sentido especial amor por los tratamientos capilares, el resultado fue irrecuperable.

Más tarde, cansada de la moda que hubo de las pelirrojas, me teñí de morena, pero no me gustó el resultado, puesto que soy pálida de piel y el pelo así sólo me hacía aún más pálida, por lo que decidí teñirme de rubia. ¿Qué era lo peor que podía pasar?

¡A menudo castigo le tenía sometido a mi pelo!

Hace cosa igual de año y medio, corté por lo sano (nunca mejor dicho, porque eliminé todas las puntas abiertas), quedándome sólo con la mitad de mi cabello. Un cambio brutal.

La peluquera, en su "infinita sabiduría", decidió volver a teñirme el pelo de un color cobrizo más natural que el que yo llevaba, pero que alargó considerablemente el problema, puesto que bajo los efectos del sol, el tinte comenzó a perder color y me quedó un degradado muy similar a las mechas californianas que tan de moda se pusieron.

Y hoy ya estoy harta de ese rubio, así que posiblemente haya vuelto a cometer el mismo error volviendo a teñirme. ¿Pero qué le vamos a hacer?

A decir verdad, no me siento del todo cómoda con el cambio de color. Me gustaba más mi pelo natural (sin el rubo ese). Igual debería haber cortado en lugar de volver a teñir.

Errores que una comete.

viernes, 16 de enero de 2015

Del "Ser" y del "Estar".

Vengo a hablar de ropa. Sí señor, aquí donde me veis (ya sé que sólo me leéis), yo también sé hablar de ropa, como tantas otras fantásticas chicas del mundo del internet (y de la sociedad en general) que parece que no tienen otra cosa que hacer (sin menospreciar al resto de mujeres en particular una a una).

Esto sucedió un día cualquiera, volviendo a casa después de la tarea que yo tuviera que hacer. Fue entonces cuando vi a una mujer adulta que llevaba (pieza a pieza): una chaquetilla de chandal rosa pastel, un pantalón de chandal verde fosforito (de esos que sirven para no perderse en la montaña), calcetines blancos y ¡OJO! ¡ZAPATO DE VESTIR!, pero con sus tacones y todo, ¿eh? No uno de esos que dices "¡Bah! Me puede servir para todo". No señor, de vestir, vestir.

No me voy a meter en la combinación de colores porque, para gustos están ellos. Pero, por favor, si no respetamos las normas mínimas de vestir...

En principio puede parecer algo inocente; incluso entiendo que esa mujer pueda estar en extrañas circunstancias que le obliguen a ponerse ese conjunto de prendas (ahora mismo no se me ocurre ninguna, pero bueno). Sin embargo, ir bien vestido dice mucho de nosotros. No me refiero a llevar ropas caras y de marca. De echo, yo creo que la única ropa de marca que tengo son unos calcetines viejos de Adidas. Soy la primera persona del mundo que no cree que más caro signifique mejor calidad (en ropa) y no soy muy de caprichos en el vestir (quien me conozca lo sabe).

Me refiero más bien al protocolo en la vestimenta. A mí, jamás en la vida (a no ser que se me den esas extrañas circunstancias que sigo sin caer) se me ocurriría ponerme un chandal con zapatos de vestir, o una falda con deportivas, o una camisa con un pantalón de chandal, o una dudadera con un pantalón de traje, o una corbata con una camiseta... Ejemplos mil. Y estas combinaciones horrorosas tampoco quedan bien si las prendas son de marca, siento decirlo.

Para cada cosa está su asunto; ¡por Dios! y de verdad que no entiendo cómo hay gente que hace esas combinaciones, se mira al espejo y dice "qué original voy hoy; salgo así a la calle". Pero miremos el lado positivo: creo que esas personas denotan una feaciente fe en sí mismos, además de una completa falta de saber comportarse en sitios públicos.

Jamás en mi vida se me ocurriría asistir a una entrevista de trabajo en chandal (aunque fuese para trabajar en un club deportivo como entrenadora o cualquier cosa de esas), o jugar un partido de rugby o jugger con traje y pajarita.

Son cosas que no se deben hacer, porque de lo contrario, muestran, no sólo la falta de preocupación por el "saber estar", sino nula capacidad de saber comportarse en sitios en los que debemos hacerlo (tanto de una forma como de otra).

No digo que renuncies a tu estilo. Al revés, las ropas, cuanto más personales y naturales te queden, mejor. Pero (por suerte o por desgracia), vivimos en sociedad y hemos de "someternos" a estas normas, para que, a través de ellas, podamos demostrar características positivas, porque sí que es verdad, que aunque esa mujer de chandal y zapatos de vestir no estaba haciendo daño a nadie ajeno a su persona, se estaba asestando un golpe brutal a sí misma. Estoy segura de que la mayor parte de la gente que le viese, no se daría cuenta de su conjunto, pero, ¿si su vida depende de su saber estar?

Del "Ser" de una forma y del "Estar" en un sitio, señores. Hay veces que hay que morderse la lengua para no perjudicarnos a nosotros mismos y hay veces que no puedes ir con chandal y zapatos de vestir. Del "Ser" y de "Estar".

martes, 4 de noviembre de 2014

El Juego del Llanto.


Recuerdo la primera vez que vi este vídeo: me reí muchísimo; tanto o más que las risas en Of del mismo. Qué le vamos a hacer: hace gracia.

Sin embargo, ahora que lo he visto por segunda, tercera, quita o sexta vez, no se me ocurre otra cosa que llevarme las manos a la cabeza, morderme el labio inferior y preguntarme qué será de la humanidad como todos sean tan chantajistas como este pequeño.

Porque, mirémoslo así: el nene es pequeño y lo único que pasa es que no tiene la experiencia ni la picardía  para disimular. Pero... ¿qué pasará cuando lo aprenda? ¿Qué será de nuestras vidas entonces?

Sé perfectamente que es una posición extremadamente exagerada y que de ningún modo los padres permitirán que su niño siga siendo un chantajista malcriado ¿o sí?

Cada vez es más frecuente. Sólo digo eso.