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lunes, 26 de septiembre de 2016

Próximo reto:

Aprender a cantar la canción deHerr Mannelig


Sé que va a ser difícil, pero ahí lo intentaremos.

martes, 29 de marzo de 2016

Se avecinan cambios.

Me gustaría decir que nunca he sido muy radical a la hora de cambiar mi estilo: siempre he llevado la raya del pelo al mismo lado, rara vez me he cambiado el color de pelo (y nunca de manera muy vistosa), siempre he llevado el mismo corte, nunca me he comprado lentillas, no suelo maquillarme...

Digamos, que lo más alarmante que he hecho con mi cuerpo, son los dos tatuajes que tengo. E incluso para ello estuve largo tiempo meditando sobre "si sí o si no".

Sin embargo, últimamente ronda por mi cabeza una idea de cambio que me emociona y me asusta al mismo tiempo. Diré que no soy muy seguidora de modas, y eso es lo que me hace frenar un poco el carro (de momento).

Quiero teñirme el pelo de gris. Como lo oís.

Es exagerado, demasiado para mí. Sé que así se girarán todos para mirarme (y aunque parezca mentira, no hay nada más lejos de mi intención).

La "absurda" idea comenzó cuando fui a un Rol en vivo de Skyrim y mi personaje era una Melena Gris. Estos personajes, básicamente destacan porque desde que nacen, sus cabellos son blancos o grises (de ahí el apodo). La cosa es que yo no me vi mal y dio la casualidad que cercano a esas fechas, vi una imagen en Google de una chica que se había teñido.

Me enamoré.

Y desde entonces, esa idea me ronda por la cabeza.

Mi vida está sufriendo continuos cambios. Sobre todo es la perspectiva de la vida, la que está cambiando. Quiero ver mi imagen distinta en el espejo, igual que me veo distinta por dentro.

Pero el cambio, quizás sea demasiado exagerado y difícil de disimular.

¿Y si no me queda bien?

Terminaré por hacerlo, porque cuando se me mete algo en la cabeza... no hay quien lo saque de ahí. Mientras tanto, tendré pesadillas de si sí o si no.

Creo que Abril será el momento.

miércoles, 16 de marzo de 2016

Soy tan poca cosa... (de 2009)

Comentario previo de la Señora Ex-Carmen(A)tada.

Lo cierto es que generalmente, siempre que leo (o reescribo en este blog) alguna de mis viejas entradas, siempre me sorprende la transición que he tenido.

No sólo me estoy refiriendo a la literaria, a una forma de narrar y contar las cosas (que sin duda, bajo mi punto de vista, ha mejorado notablemente), sino también a mi propia persona.

Para ponernos en situación, yo en el 2009 tenía unos tiernos 16. Era una adolescente. Y lamento comunicar, que a pesar de lo que soy ahora, era una adolescente corriente. Tenía mis preocupaciones de adolescente, mis problemas de adolescente, mis sueños de adolescente... ¿Veis la línea que quiero seguir?

Al leer esta entrada, me doy cuenta de lo idiota que fui. Pero tengo suerte. Tras los años que han pasado, he comprendido un montón de cosas y me siento muy lejos de esa chica de discoteca.

Y cuando echo la mirada atrás, lo cierto es que si pudiera, me daría un par de bofetadas.

Lo que narro a continuación, no pasó tal cual. No fue tan novelesco, pero sí fue algo muy similar y sí hubo un chico que se dio cuenta de que yo no era yo y de que no merecía la pena en las circunstancias en las que me encontraba. Podría darle las gracias, si los motivos de aquel chico hubiesen sido reales y no puramente físicos.

Esta fue una de las situaciones que me hizo mejorar un poco: ser yo, sin importar que eso sea bueno o malo. Mejor ser auténtico que una copia.

Soy tan poca cosa...

Me miro en el espejo y no veo más que un reflejo de lo que intento ser. Mi cara no tiene rostro, simplemente porque intento ser alguien que nunca llegaré a ser.

Me junto con personas equivocadas muchas veces sólo para pretender ser como ellas. Me fijo en sus gustos, sus palabras, sus movimientos... No les encuentro nada de especial, pero aún así... intento imitarlas por temor a que nadie me vea.

Pero la cuestión es que simple y llanamente, nunca consigo imitar, realizar. Sólo consigo una burda imitación de lo que tendría que haber sido un gran paso maestro. Como ver a un elefante intentando bailar el cascanueces de ballet. Sólo posible en Fantasía. Torpe y ridículo en la realidad.

Continúo mirándome al espejo, recordando a la perfección y con total nitidez, mi último choque contra el gran muro de la vida, el que me ha hecho darme cuenta de que... soy muy poca cosa.


Un sábado tarde con mis amigas. Una discoteca. Un buen peinado y la camiseta más sexy del armario. Éramos tres. Sólo tres. Y las tres solas. Sin acompañante.
Las tres dispuestas a comernos el mundo... Sin embargo, nerviosas. Maquilladas y pintadas, pero nerviosas. Entramos en la neblina de la discoteca. En ese momento crees que es el paraíso. Y así estábamos mis dos amigas y yo: ellas bailando, yo intentando copiar sus movimientos... sin conseguirlo, claro.
Había tres chicos que no nos quitaban el ojo de encima. Curioseaban, señalaban, sonreían... Parecía que no terminaban de decidirse. Pero sólo necesitaron un gesto con la mano de una de mis amigas para que cambiasen de opinión y los tres se acercaron a nosotras.
Eran guapos, altos... (todo lo que una chica de 16 años puede desear a la hora de ligar con un tío). Nos presentamos, nos dimos los números de teléfono y los correos electrónicos, nos invitaron a tomar algo y luego, seguimos bailando. Eran un par de años mayores.
Yo llamé a mis amigas durante un momento y les avisé de que iba siendo hora de que se lanzasen... o tendríamos que hacerlo nosotras mismas. Estuvimos de acuerdo.
Pero... pareció que me leyeron el pensamiento. Cada uno de los chicos se fue con una de nosotras... dos de ellos no tardaron en pedirle a mis amigas que si se querían liar con ellos. Mis amigas aceptaron. Después de todo... era a lo que habíamos venido.
Se retiraron un poco... dejando libre la pista de baile. El chico que estaba conmigo y yo, seguimos ahí, él bailando y yo intentando imitar un baile, el que fuese. Me acerqué a su oreja... en ese momento me iba el corazón a cien por hora... ya sabía que no me iba a atrever a preguntarle nada, así que hice un plan B (el de huída).
-¿Y si nos sentamos un rato? Me duelen los pies de tanto bailar - risita.
El chico se encogió de hombros. Cualquiera que haya estado en una discoteca (o en un concierto) debe saber que hay que hablar lo menos posible.
Nos retiramos y nos sentamos en el borde del escenario y no nos dijimos nada. Había que pensar en una conversación... pero estaba sola. No podía imitar a nadie. Las palabras iban a tener que ser mías. Estás perdida. Sólo podía pensar en eso, pero, por fin se me ocurrió una pregunta.
-Oye - llamé la atención del chico -... ¿Tienes novia o algo?
Se quedó pensando ¿Estaría tratando de recordar si tenía novia? ¿Estaría pensando cómo darme esquinazo?...
-No tengo novia ¿Por qué lo preguntas? - me encogí de hombros sin saber qué contestar - Y... antes de que me preguntes, no, tampoco estoy enamorado. He venido aquí a ligarme a una chica.
Me quedé asombradísima. Estaba alucinando. No sabía por dónde coger esa frase... ¿Indirecta? ¿Qué quería? ¿Que me fuese? ¿Que me quedase?...
Lamentablemente, lo cogí por el lado equivocado. Me incliné para besarle... pero me apartó enseguida, dejando bastante claro que no quería tener nada que ver conmigo. Se puso de pie, se acercó a mi mejilla, me dio un beso y me dijo tranquilamente al oído:
-No te lo tomes a mal, pero... eres tan poca cosa... - y sin más, se fue.

Y aquí estoy ahora. Mirándome al espejo. Buscando la que debería ser yo... en vez de la cara sin rostro que intento ser. Pero es que yo sola, soy tan poca cosa...

martes, 23 de febrero de 2016

El rap y yo...

... lo cierto es que nunca hemos tenido una gran relación.

Igual es porque jamás me he dedicado a intentar conocerlo.

Sin embargo, gracias a una persona de mi pasado, sí que le he cogido mucho cariño al Chojin. No he ido nunca a uno de sus conciertos. Nunca me he comprado un disco... No soy una fan. Sin embargo, por lo que dice, por lo que cuenta, me parece un tipo formidable.

Llevo tiempo intentando escribirle algo. Dedicárselo y decirle lo bueno que es (a pesar de que a mi no me guste el rap). Supongo que ese tipo de críticas son de agradecer.

Luego pienso "¡Bah! Es famoso; se lo dirán mucho". Y me lo callo.

Hasta que vuelvo a oír alguna de sus letras.

Hoy, esa sensación la he retomado con una de sus canciones (como de costumbre no le he escrito nada, aunque se me haya ocurrido).

Esta canción se la dediqué hace tiempo a la misma persona que me "presentó" al Chojin. Creí que le ayudaría a salir de donde estaba, que se le curarían las heridas si lo escuchaba. Porque yo sólo podía pensar en él en esos momentos.

Hoy, sigo pensando en esa persona, igual que antes. Pero todo ha cambiado mucho (demasiado) y ahora no le veo a él reflejado en esas palabras. Soy yo. Un espejo de lo que antes fue él, que él superó y yo me estanqué.

Por eso me la dedico. La verdad. 

lunes, 8 de febrero de 2016

No mires atrás (de 2009)

Comentario Previo de la Señora Ex-Carmen(A)tada.

Lo cierto es que no tengo mucho que comentar.

No recuerdo a qué venía esta entrada, ni a quién iba dedicada tan siquiera.

Ahora, la releo y veo que es bastante menos bonita de lo que recordaba. Pero me pasa a menudo cuando leo cosas mías del pasado. Analizo mi evolución y por mi cabeza pasa un "y yo que pensaba que ésto era bueno...". Sigo pidiendo, por favor, que tenga esa misma sensación aún cuando sigan pasando los años.

No puedo ahora mismo, sin embargo, ver una similitud en todo esto con mi vida. Ese hacer, o no hacer. El sentir o no sentir...

Y es cuando te das cuenta, de que la vida sólo es un círculo que recorres una y otra vez, casi con los mismos fallos.

No mires atrás.

No mires atrás. No lo intentes. No lo hagas. Todo volverá a ser igual cuando mires hacia delante. ¡No lo intentes! No, no sueñes con el pasado. No te refugies en tu mundo. No crees tu propio mundo. No servirá de nada. No te alejes. No me olvides. ¡No lo intentes!

No sabes volar, así que no saltes. No sabes nadar, así que no te sumerjas. No sabes lo que puedes perder, no sabes lo que puedes ganar. No te tires. No te rindas. ¡No lo intentes!

No mires atrás. No te atrevas. No está todo perdido. ¡No lo intentes!

No lo intentes. No lo hagas. No lo intentes. No lo hagas... No.

No puedes dejarme sola.

... ... ... ... ...

Y saltaste. A pesar de mis súplicas, lo hiciste. A pesar de mi tristeza, lo hiciste.

Me dejaste sola. Estoy sola.

Y salto contigo, siguiendo la vida que llevaste conmigo. Salto.

El viento me da en la cara mientras caigo, y ahora vuelo, y ahora me uno a ti. Y ahora floto y soy libre...

Pero mi vida termina y me uno al mundo que he elegido, abandonando el de los vivos.

¡No lo hagas! ¡No lo intentes! ¡No mires atrás si duele!
¡No te rindas! ¡No te dejes caer! ¡No mires atrás si duele!
¡Vive lo que te quede! ¡Olvida lo malo que te suceda!

No mires atrás si duele.
Jamás mires atrás si duele.

jueves, 26 de febrero de 2015

Pelirrojo.

Dicen que el pelo significa mucho en una mujer.

Puede que tengan razón o puede que no.

Muchas veces, el estilismo es lo que llevamos fuera de lo que sentimos dentro (claro está, siempre y cuando basándonos en nuestros propios patrones, digo yo).

Bien. Yo en un momento determinado de mi vida, decidí teñirme de pelirroja (por allá 4 de la E.S.O., aproximadamente). No lo puedo contar como uno de los mayores errores de mi vida, pero sí lo cuento como un error.

No es que no me gustase el color, incluso más que el mío propio (por algo me teñía), sino más bien, lo que en ello derivó.

Por suerte o por desgracia todo ha de decirse, tengo el pelo muy fino (muy, muy fino), eso significa que año, tras año, tras tinte, tras tinte, mi pelo se estropeó demasiado. Añadiendo a eso, que nunca he sentido especial amor por los tratamientos capilares, el resultado fue irrecuperable.

Más tarde, cansada de la moda que hubo de las pelirrojas, me teñí de morena, pero no me gustó el resultado, puesto que soy pálida de piel y el pelo así sólo me hacía aún más pálida, por lo que decidí teñirme de rubia. ¿Qué era lo peor que podía pasar?

¡A menudo castigo le tenía sometido a mi pelo!

Hace cosa igual de año y medio, corté por lo sano (nunca mejor dicho, porque eliminé todas las puntas abiertas), quedándome sólo con la mitad de mi cabello. Un cambio brutal.

La peluquera, en su "infinita sabiduría", decidió volver a teñirme el pelo de un color cobrizo más natural que el que yo llevaba, pero que alargó considerablemente el problema, puesto que bajo los efectos del sol, el tinte comenzó a perder color y me quedó un degradado muy similar a las mechas californianas que tan de moda se pusieron.

Y hoy ya estoy harta de ese rubio, así que posiblemente haya vuelto a cometer el mismo error volviendo a teñirme. ¿Pero qué le vamos a hacer?

A decir verdad, no me siento del todo cómoda con el cambio de color. Me gustaba más mi pelo natural (sin el rubo ese). Igual debería haber cortado en lugar de volver a teñir.

Errores que una comete.

domingo, 4 de enero de 2015

Lista de Propósitos:


El paso del tiempo es irremediable, qué le vamos a hacer: nos volvemos viejos segundo a segundo.

Sin embargo, a mi hay algo que me hace sentir siempre como una niña feliz: el Año Nuevo.

Está bien, puede que suene a tópico, pero es que me encanta que la gente haga cosas por mejorar, aunque sólo lo consiga los dos primeros días (como el típico deseo de dejar de fumar). Pero ¿y qué? La gente se lo plantea; se plantea el cambio, ser mejores, distintos, más como quieren ser ellos.

¿Por qué no iba a contagiarme yo de eso?

Así que de nuevo, yo he hecho mi lista de propósitos. Son casi los mismos que todos los años, sí, y sé que seguramente este año tampoco los consiga del todo. Pero, ¡oye! ¡quizás consiga cumplirlos durante una semana más que el año pasado!

Así que sí, estoy entusiasmada.

Si me acuerdo de esta entrada a lo que venga el 2016, igual la refresco y marco lo que conseguí cumplir y lo que no. Aunque igual eso me deprime un poco (jajajaja).

Mi lista:
  1. Hacer ejercicio diario (para ponerme en forma para el Rugby y el Jugger).
  2. Ser más ordenada (dejar que se le vea el suelo a mi habitación).
  3. Terminar un libro (tengo mil empezados, me conformo con uno).
  4. Sonreír más y preocuparme menos.
  5. Hacer algo arriesgado que no haya hecho antes.

Ya veremos que sucede. La intención es lo que cuenta.

¡A sonreír todo el mundo se ha dicho!

lunes, 3 de noviembre de 2014

Hay que ver cómo pasa el tiempo.

Hace años, comencé participando en un blog en particular (PasaTiempo). Se puede decir que fue el inicio de mis sueños, cuando más gente (además de mi querida madre) comenzó a leer lo que yo escribía. Mentiría si dijese que aquello no me llenaba de una profunda satisfacción.

Sin embargo, aquel blog, poco a poco, dejó de ser lo que yo esperaba que fuese y se convirtió en un bonito recuerdo, un recuerdo que guardo en mi memoria con mucha ternura, pero que ya no consigue ser nada más para mi.

Posiblemente suele pasar eso. Conforme te haces mayor, te vas dando cuenta de que las cosas que antes para ti tenían la mayor importancia del mundo, ahora ya son solo chiquilladas. Cuando encuentras la verdadera trascendencia de las cosas, supongo que descubres que no era aquello por lo que querías luchar. ¿Quién no se acuerda del primer amor? ¿De haberle jurado la vida? ¿Y ahora? ¿Cuántos lo conservamos? Desde luego, yo ahora cuando miro atrás, sé que no estaba enamorada, aunque reconozco que durante los años en los que viví, verdaderamente parecía estarlo.

Por eso, pese a pertenecer a un pasado que ya casi nada tiene que ver conmigo ahora (aunque haya sido ese camino el que me haya conducido al punto en el que estoy ahora), he decidido definitivamente, abandonar mi participación en ese viejo blog, despidiéndome para siempre de él.

No obstante, el ser humano es obstinado y no quiero renunciar a lo que fui. Por ello, de algún modo (con o sin sentido), recuperaré cada una de las entradas de ese viejo blog que sigan siendo mi recuerdo.

Porque ¿de qué otro modo podría ser yo si no?

Fdo: Señora Ex-Carmen(A)tada.

martes, 14 de octubre de 2014

Y que nunca nos olvidemos de jugar.

Hace poco, empecé un cursillo de Técnico de Apoyo en Educación Infantil, tipo (para que me pueda explicar bien) el curso de Monitor de Tiempo Libre, pero específico para niños de entre 0 a 3 años.

Como os podréis imaginar, la mayor parte de asignaturas que nos dan están relacionadas con niños (a veces aumentando un poco la edad). La cosa va bien: Primeros Auxilios, Adaptación de Inglés para niños...

Hay una, que particularmente me encanta que es la de Metodología del Juego. A parte de enseñarnos juegos (y a veces participar en ellos), me encanta el entusiasmo que tiene el profesor por la asignatura y que tenga las cosas tan claras: que el juego no es sólo para niños.

Efectivamente, todos jugamos, todos tenemos actividades de ocio que nos encanta llevar a cabo (o nos encantaría). El juego, como algo general, es algo que no debemos perder nunca; sacar al niño que llevamos dentro.

Cualquier cosa puede convertirse en un juego, y ello no hace que deje de ser algo serio. Al revés, el juego es algo muy, muy serio. Es la forma básica que tenemos las personas para interactuar. Me encanta la idea de que cada vez que nos juntamos con amigos o familiares, llevemos a cabo un juego: risas, chistes, historias, se llevan diferentes roles...

¿Por qué hemos de renunciar a soñar? ¿A realizar actividades que nos apasionan? Da igual la edad que tengamos. Es un ejercicio que todos deberíamos llevar a cabo.


Si estáis de acuerdo, si queréis recuperar al niño que un día llevasteis dentro, por favor, no dudéis en hacer lo que os gusta, en llamar la atención, en marcar la diferencia, en empezar algo nuevo. Jugad como cuando teníais 5 años, hablad con cualquier desco
nocido que comparta vuestra afición. Y sobre todo, perded el miedo a reír.