Aprender a cantar la canción deHerr Mannelig
Sé que va a ser difícil, pero ahí lo intentaremos.
Un sábado tarde con mis amigas. Una discoteca. Un buen peinado y la camiseta más sexy del armario. Éramos tres. Sólo tres. Y las tres solas. Sin acompañante.
Las tres dispuestas a comernos el mundo... Sin embargo, nerviosas. Maquilladas y pintadas, pero nerviosas. Entramos en la neblina de la discoteca. En ese momento crees que es el paraíso. Y así estábamos mis dos amigas y yo: ellas bailando, yo intentando copiar sus movimientos... sin conseguirlo, claro.
Había tres chicos que no nos quitaban el ojo de encima. Curioseaban, señalaban, sonreían... Parecía que no terminaban de decidirse. Pero sólo necesitaron un gesto con la mano de una de mis amigas para que cambiasen de opinión y los tres se acercaron a nosotras.
Eran guapos, altos... (todo lo que una chica de 16 años puede desear a la hora de ligar con un tío). Nos presentamos, nos dimos los números de teléfono y los correos electrónicos, nos invitaron a tomar algo y luego, seguimos bailando. Eran un par de años mayores.
Yo llamé a mis amigas durante un momento y les avisé de que iba siendo hora de que se lanzasen... o tendríamos que hacerlo nosotras mismas. Estuvimos de acuerdo.
Pero... pareció que me leyeron el pensamiento. Cada uno de los chicos se fue con una de nosotras... dos de ellos no tardaron en pedirle a mis amigas que si se querían liar con ellos. Mis amigas aceptaron. Después de todo... era a lo que habíamos venido.
Se retiraron un poco... dejando libre la pista de baile. El chico que estaba conmigo y yo, seguimos ahí, él bailando y yo intentando imitar un baile, el que fuese. Me acerqué a su oreja... en ese momento me iba el corazón a cien por hora... ya sabía que no me iba a atrever a preguntarle nada, así que hice un plan B (el de huída).
-¿Y si nos sentamos un rato? Me duelen los pies de tanto bailar - risita.
El chico se encogió de hombros. Cualquiera que haya estado en una discoteca (o en un concierto) debe saber que hay que hablar lo menos posible.
Nos retiramos y nos sentamos en el borde del escenario y no nos dijimos nada. Había que pensar en una conversación... pero estaba sola. No podía imitar a nadie. Las palabras iban a tener que ser mías. Estás perdida. Sólo podía pensar en eso, pero, por fin se me ocurrió una pregunta.
-Oye - llamé la atención del chico -... ¿Tienes novia o algo?
Se quedó pensando ¿Estaría tratando de recordar si tenía novia? ¿Estaría pensando cómo darme esquinazo?...
-No tengo novia ¿Por qué lo preguntas? - me encogí de hombros sin saber qué contestar - Y... antes de que me preguntes, no, tampoco estoy enamorado. He venido aquí a ligarme a una chica.
Me quedé asombradísima. Estaba alucinando. No sabía por dónde coger esa frase... ¿Indirecta? ¿Qué quería? ¿Que me fuese? ¿Que me quedase?...
Lamentablemente, lo cogí por el lado equivocado. Me incliné para besarle... pero me apartó enseguida, dejando bastante claro que no quería tener nada que ver conmigo. Se puso de pie, se acercó a mi mejilla, me dio un beso y me dijo tranquilamente al oído:
-No te lo tomes a mal, pero... eres tan poca cosa... - y sin más, se fue.
Posiblemente suele pasar eso. Conforme te haces mayor, te vas dando cuenta de que las cosas que antes para ti tenían la mayor importancia del mundo, ahora ya son solo chiquilladas. Cuando encuentras la verdadera trascendencia de las cosas, supongo que descubres que no era aquello por lo que querías luchar. ¿Quién no se acuerda del primer amor? ¿De haberle jurado la vida? ¿Y ahora? ¿Cuántos lo conservamos? Desde luego, yo ahora cuando miro atrás, sé que no estaba enamorada, aunque reconozco que durante los años en los que viví, verdaderamente parecía estarlo.
Hace poco, empecé un cursillo de Técnico de Apoyo en Educación Infantil, tipo (para que me pueda explicar bien) el curso de Monitor de Tiempo Libre, pero específico para niños de entre 0 a 3 años.